ASÍ ME VIO GLORILIB..MERIDA 11 DE MAYO DE 2010

ASÍ ME VIO GLORILIB..MERIDA 11 DE MAYO DE 2010
ACÁ ESTA EL AFRICANO...!

autorretrato

autorretrato
Merida2010

Leoncio Martínez (Leo)


Nace en Caracas el 22.12.1888
Muere en Caracas el 14.10.1941

Leoncio Martínez
Leoncio Martínez
Ilustración realizada por Edgar Vargas

Importante humorista, periodista, poeta, publicista, dramaturgo y caricaturista del siglo XX venezolano. En 1912 fue uno de los principales promotores de la creación del Círculo de Bellas Artes. Fueron sus padres Juan Martínez Zozaya e Isabel Martínez. En su rol de periodista colaboró en la redacción de periódicos y revistas de Venezuela, tales como El Cojo Ilustrado (1908), La Voz del Pueblo, El Nuevo Diario (1913) La Linterna Mágica y Pitorreos (1918). Junto a Francisco Pimentel (Job Pim), fundó en 1923, el semanario Fantoches, del que fue director y principal colaborador hasta su muerte. Fuera de Venezuela, trabajó como ilustrador y redactor de la revista Carnaval de Puerto Rico, para lo cual fue contratado en 1911. Con el seudónimo "Leo", redactó columnas de crítica literaria, taurina y de actualidad, en el semanario Fantoches, así como la permanente sección Leo y Comento, caracterizada por las apreciaciones jocosas de temas variados y también como tribuna para dirigir sus críticas al régimen gomecista.

Leoncio Martínez contribuyó al redimensionamiento de la publicidad de la primera mitad del siglo XX venezolano, al lograr mediante sus caricaturas una síntesis del mensaje con la caricaturista costumbrista, adaptando al tono de la época y del medio los productos nacionales e importados que se tenían para el momento. En este mismo campo, fue también el primero en hacer publicidad luminosa en algunas esquinas de Caracas, adaptando a una estantería de fondos con instalaciones de bombillos, telas transparentes dibujadas y coloreadas que cambiaba cada mes, logrando así el efecto de luz que se requería. Leo mostró su talento artístico en la realización de los decorados para numerosas obras de teatro, sainetes y zarzuelas de la época (entre los que se destaca en 1914 la escenografía para la zarzuela de un acto y 3 cuadros Alma Llanera, de Rafael Bolívar Coronado y Pedro Elías Gutiérrez). Asimismo, fue creador de revistas musicales como Sin Cabeza (1917), representada en su estreno por Rafael Guinand, El Rey del Cacao (1914) y Nenelisk (1917), y El Conflicto (1917), cuya autoría compartió con Francisco Pimentel y Armando Benítez. También por requerimientos de varias de sus obras, Leoncio Martínez compuso la letra de algunas canciones populares tales como Dama Antañona y La Musa del Joropo. Debido a sus opiniones políticas, Leo fue encarcelado varias veces durante los gobiernos de Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras. En 1932, Leoncio Martínez publicó una recopilación de sus cuentos bajo el título de Mis otros Fantoches. Sus poesías fueron editadas entre (1943-1944) y una selección de sus dibujos fueron reunidas por Aquiles Nazoa en 1959.

Sala de Prensa 34

Agosto 2001 Año III, Vol. 2

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WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

Periodismo iconográfico

La caricatura: historia y definiciones

Dr. Carlos Abreu *

La caricatura es, junto con el dibujo realista, la modalidad de imagen periodística más antigua que se conoce. La definición aristotélica dice que "representa a los hombres peores de lo que son" (Quirós Corradi, en Torres, 1982: presentación).

El vocablo deriva de "caricare" que significa cargar, acentuar o exagerar los rasgos (Gubern, 1987: 215) y, según algunos autores, fue acuñado por Aníbal Caracci hacia finales del siglo XVI. Con el término, caracci designaba a los trabajos que él y otros artistas hacían entonces en Bolonia (Torres, 1982: 18).

Un siglo más tarde, la caricatura se definía como un método de hacer retratos que tenía como propósito lograr el máximo parecido del conjunto de una fisonomía, "pero cambiando todos los elementos componentes" (Gombrich, 1987: 99).

Pero mucho antes de estos primeros intentos por definir esta forma expresiva ya habían sido empleadas imágenes con rasgos de caricatura. Por ejemplo, se ha dicho que en la antigüedad se llegaron a utilizar representaciones gráficas caricaturescas en pinturas, dibujos y esculturas.

Podríamos remontar el curso del tiempo hasta los papiros egipcios, las ánforas griegas o los frescos de Pompeya, y recordar algunas gárgolas, estatuas o autorrelieves de iglesias y catedrales medioevales... (Pérez Vila, 1979: 5)

También se presume que algunos dibujos precolombinos podrían tener características de la caricatura. Algo similar se ha encontrado en Japón, con muestras que datan del siglo IX. (Martínez de Sousa, 1992: 73-74). De manera que muchas figuras de la Antigüedad y de la Edad Media deben considerarse representaciones caricaturescas, aunque el propósito de sus autores no haya sido humorístico o satírico.

De hecho, dentro de ellas algunos especialistas incluyen, por ejemplo, la reproducción de dioses con cabezas de animal tales como Isis (Gato), Horus, (Gavilán), Set (Asno), y Sekhet (Leona), en el Antiguo Egipto.

Mientras, en la Edad Media se mencionan, entre otras, además de las gárgolas de algunas catedrales, la cabeza que empleó fray Angélico para representar en la Academia de Florencia al evangelista San Juan (Tamayo,1988: 8).De otro lado, es sabido que el primer cuerpo de caricaturas políticas impresas, cuyo contenido desconocemos, apareció en panfletos en Florencia, durante la última década del siglo XV (Ivins, 1975: 62).

Respecto del Renacimiento, algunos especialistas ven en diversos trabajos de Leonardo da Vinci antecedentes de la caricatura debido a lo grotescos y deformes que resultaban algunos de sus dibujos de seres humanos (Feaver, 1981: 23).

En cuanto a los periódicos, pocos años después de que Carracci propusiera su definición, el Nieuwe Tijdinghen, en Amberes, publicó una caricatura en la que se observa a un pastor protestante haciendo propaganda político-religiosa mientras el demonio le insufla ideas con un fuelle (Martín Aguado, 1978: 155).

A mediados del siglo XVIII, concretamente en mayo de 1754, Benjamín Franklin difundió en la Pensylvania Gazette la imagen de una culebra dividida en ocho partes, cada una de las cuales llevaba las iniciales de una de las colonias, formando la leyenda "Unión o muerte".

Con esta imagen se buscaba organizar las colonias norteamericanas contra los indios y los franceses (Varios, 1976: 12). En lugar de una caricatura, algunos especialistas ven en este trabajo un antecedente de la infografía (Horn y Monmonier en Serra, sin data: s.n).

Por esa misma época, exactamente en 1786, y raíz de un juicio de "residencia" contra el gobernador de Caracas, Manuel González Torres de Navarra, alguien -no se sabe quién- añadió al expediente una caricatura "muy infantil, pero reveladora del desprecio del autor hacia el funcionario en cuestión" (Esteva-Grillet, 1992: 13).

La revolución francesa y, posteriormente, el imperio napoleónico, impulsaron las caricaturas, en especial las de tinte político. Empero, también a las de intención satírico-moralizante como la serie "Le Marriage a la moda", del británico William Hogarth, y "Los caprichos" de Goya.

Aún así, al igual que en Norteamérica, las caricaturas raramente eran publicadas en los periódicos franceses, ingleses y rusos sino que se vendían como pan caliente en Londres, París, Moscú, y otras ciudades europeas, grabadas en hojas sueltas, en ocasiones coloreadas a mano (Pérez Vila, 1979: 7-8).

El siglo XIX traería la consolidación del género, especialmente en Europa, gracias al desarrollo de la xilografía y la litografía, y a las convulsiones políticas que sacudían algunas naciones del llamado viejo continente. Como veremos, la temática política ha sido tradicionalmente caldo de cultivo para la caricatura.

La difusión de la educación básica en Europa y los Estados Unidos desde 1870 en adelante, aunado al sufragio para hombres adultos crearon un terreno fértil para el desarrollo de la caricatura política (Feaver, 1981: 95).

Entre las publicaciones que, por esos años, hicieron de esta forma expresiva un hábito, se pueden citar, entre muchas otras, El Figaro in London, La Caricature politique, moral et littéraire -inspiración de la mayoría-, Punch, y Le Charivari.

Igualmente, no se puede dejar de mencionar a La Silhouette, -para Feaver la más importante-, Kladderadattsch, Le Grelot, Le Chat Noir, Le Almanach, La Fronde, Vanity Fair, London Figaro, Krukehler, Fliegende Blutter, y La Via Parissiene.

Allí brillaron los caricaturistas Honoré Daumier, Etienne Carjat, Gaspar Felix Tournachon (Nadar), John Tenniel, Gustavo Doré, Alfred Le Petit, Felix Reejamey, Alphone Colomb (Moloch), John Wilson Berrough, Joseph Keppler y Adriano Cecioni, entre muchos otros artistas (Feaver, 1981: 74-99).

Estados Unidos también tuvo lo suyo. Puck, Dramatic News, Harper´s Weekley, New York Illustrated, News Moonshine y Grip abrieron las puertas al género, cuyos principales representantes quizás fueron Leslie Word y Thomas Nast. Mientras, en América Latina destacó Caras y Caretas, en la que colaboraron artistas españoles y americanos (Martínez de Sousa, 1992: 74).

Variedad de conceptos

Las definiciones sobre caricatura no son escasas, como es natural, ya que, como vimos, ellas datan de tiempos remotos. Algunos de esos conceptos nos dan una idea precisa sobre la esencia del género. Otros son ambiguos y etéreos.

Marta Aguirre (1990: 42) expresa que la caricatura es una forma de comunicar opinión sobre un hecho de actualidad, utilizando el dibujo humorístico, con o sin palabras, "que explique su mensaje".

Honorato de Balzac (En Mogollón y Mosquera, 1983: 14) decía que la caricatura es un recurso agresivo y cordial. Enrique Bergson (En Columba, 1959: 20) indica que el arte del caricaturista radica en atrapar un rasgo a veces imperceptible y hacerlo visible a los ojos al agrandarlo.

Francisco Bautista, "Kiko" (En Durán, 1990: 123), afirma que caricatura es todo aquello que deforma la realidad. El elemento más importante de ella, agrega, es que no debe tener ninguna "caracterización previa", sino que debe salir de la propia autenticidad de nuestra inteligencia e imaginación.

Andrés Eloy Blanco (En Mogollón y Mosquera, 1983: 14) asegura que un caricaturista es lo único serio en materia de psicología plástica. Agrega que el mismo no necesita humor e incluso puede hacer su trabajo disgustado. Mas aclara que cuando en su obra hay risa, él es más verdadero, humano, abnegado y filósofo.

Fraser Bond (1974: 263) señala que en la caricatura se expone en forma gráfica el punto de vista del periódico. Agrega que en esta era, en la que muchos lectores no creen disponer del tiempo necesario para leer un editorial, éstos le dan un vistazo a la caricatura y comprenden el significado editorial.

Desde hace mucho tiempo, puntualiza Bond, este género ha demostrado ser una fuerza muy potente en la formación de la opinión pública.

Mariano Cebrián Herreros (1992: 394) asegura que la caricatura es el retrato de cuerpo entero o sólo del rostro de una persona -o excepcionalmente de un grupo para destacar sus relaciones- de la que se exalta o destaca exageradamente algún rasgo físico definitorio. Tiene un carácter hiperbólico, añade, y refleja la visión personal del dibujante.

Para Cebrián, la caricatura es una interpretación personal que lleva "una cierta carga humorística" y burlona que puede llegar en ocasiones a cumplir una función "editorializante" respecto del protagonista.

Ramón Columba (1959: 8) asegura que la caricatura es la risa dibujada en el papel. Es un destello, una chispa, una creación intuida por el humorista -agrega- que nos da la idea de lo grotesco.

Humberto Cuenca (1961: 195), entre tanto, señala que en sus comienzos la caricatura fue considerada como un híbrido, fruto del arte y la literatura -dibujo y leyenda-, que apareció en el periodismo desde el fondo del anonimato, con el fin de burlarse de los políticos y de la aristocracia.

Ignacio de la Mota (1994: 219) afirma que es una expresión gráfica, normalmente de carácter editorial, que presenta ridícula y grotescamente como protagonista a una personalidad afectada por el tema de que se trata.

Además, a su juicio la caricatura posee una gran fuerza en la formación de la opinión pública por la exageración de los rasgos físicos o profesionales. Más adelante, De la Mota la define como una ironía consistente en la exageración burlona de los rasgos de un personaje.

En los diccionarios también se consiguen definiciones sobre la caricatura. El Larousse Ilustrado dice que ésta es una reproducción grotesca de una persona o cosa. (De Toro y García-Pelayo, 1964: 200)

El Diccionario Enciclopédico de las Artes señala (En Mogollón y Mosquera, 1983: 15) que la caricatura es la representación exagerada de los rasgos o actitudes características de una persona para producir un efecto risible, y que se emplea con frecuencia como instrumento de crítica social y política.

El Diccionario de Información, Comunicación y Periodismo indica que la caricatura es un dibujo en el que se deforman, resaltándolos, los rasgos más peculiares, las facciones y el aspecto de una persona o cosa. (Martínez de Sousa, 1992: 73)

Para el Diccionario de la Real Academia Española, el género en cuestión es una figura ridícula en que se deforman las facciones y el aspecto de una persona. Además, la considera una obra de arte en la que claramente o por medio de emblemas y alusiones se ridiculiza una persona o cosa. (DRAE, 1970: 262)

La Enciclopedia Ilustrada Europea-Americana (En Tamayo, 1988: 7-8) ofrece una extensa definición. Dice que la caricatura es una representación plástica de una persona o de una idea, interpretándola voluntariamente bajo su aspecto ridículo o grotesco.

Agrega que "artísticamente" su fuerza estriba en la preponderancia de los elementos característicos de la persona o cosa representada. "Sus medios de expresión son la escultura, la pintura, y más comúnmente el dibujo; sus derechos en arte, los mismos que la sátira y lo burlesco en literatura".

Añade que con frecuencia la idea del dibujo se aclara con inscripciones o cortas leyendas que precisan la intención satírica del artista. Finalmente, puntualiza que no es necesario que la idea que ha motivado el dibujo sea la de ridiculizar a una persona o cosa.

Emil Dovifat (1960: 82-84) se extiende en su definición del género que estamos estudiando. Caricatura, en su opinión, es cargar e insistir, y "es en sí" la exageración satírica de las particularidades propias de personas o circunstancias, señaladas de forma "certera o impresionante".

Dovifat añade que como instrumento de lucha política la caricatura trata de centrar en una persona la idea u orientación política que quiere combatir, y al distorsionarla logra su impacto. Ello con el fin de ser entendida por todo el mundo.

Lo anterior, explica, puede hacerse de varias maneras. Por ejemplo, creando un tipo de persona que simbolice al burgués, al capitalista o al Tío Sam, que son representaciones caricaturescas, y erigiendo en figuras típicas a los políticos y dirigentes de tendencias enemigas.

A estos últimos ataca y zahiere "el dibujante satírico" exagerando todas las peculiaridades que simbolicen las ideas atacadas. Las caricaturas destacan en esta exageración -continúa Dovifat- de manera bien visible y gráfica las consignas, las acercan al público más amplio, y a menudo crean tipos "eternos" y difíciles de olvidar puesto que "calan muy hondo".

El tratadista alemán señalaba en 1960 que muchos de los tipos de caricaturas, creados en las grandes religiones, seguían utilizándose todavía y que eran señales e indicios de discordia "en todos los tiempos agitados y de transición".

Por último, explicaba que en épocas tranquilas la combatividad y "malignidad" de la caricatura decrecían, pero seguía en pie su misión de propaganda. "Siempre tendrá acogida en el periódico por su fuerza, la eficacia de su sátira... y su capacidad de realzar un ideal."

Olga Dragnic (1994: 40) considera que la caricatura es un dibujo que, mediante trazos exagerados, destaca ciertos rasgos o características de una persona, acontecimiento, cosa o animal. Tiene siempre una intención humorística y a menudo se busca transmitir alguna crítica.

Para Carlos Fonseca (En Durán, 1990: 124) la caricatura es una caja de resonancia que trata de señalar las injusticias sociales. Añade que es una especie de colirio que trata de abrirle los ojos a los gobernantes, "lo que pasa es que ellos tienen cáncer en los ojos y eso no se cura".

Carlos Galindo (Sancho) (En Durán, 1990: 121) dice que la caricatura debería estar definida dentro del objetivo fundamental que persigue, vale decir, si es de humor, tiene que hacer reír; si es una caricatura de opinión, tiene que poner a meditar a la gente, y "si logra todas esas cosas al mismo tiempo, entonces es una excelente caricatura".

A juicio de Juan Gargurevich (1982: 192) la caricatura es una categoría independiente de gran desarrollo en el periodismo, a la cual hay que ubicar dentro de los géneros gráficos del periodismo, y que requiere de especialistas de talento.

Martin Grotjahn (En Mogollón y Mosquera, 1983: 28) se extiende en su explicación. Para él, la caricatura es una variante de lo cómico, cuyo objetivo es el "desenmascaramiento" y degradación de una persona investida de autoridad o fama.

Agrega que uno de los métodos predilectos de este género es el excesivo énfasis dado a una característica, haciéndola tan prominente que no pueda pasar inadvertida.

Asegura Grotjahn que el caricaturista suele sentir muy agudamente esa tendencia agresiva. Además de exagerar los detalles para degradar, explica, intenta adquirir poder sobre la víctima de su agresión, por métodos "antiguos, abandonados o infantiles".

El tratadista Roman Gubern (1987: 215) considera que la caricatura es la imagen "connotada por antonomasia", cuya distorsión expresiva está ya en las elaboraciones de los sueños y en los lapsus del lenguaje, como demostró Freud.

Para Earle Herrera (1997: 131) la caricatura es sinónimo de opinar y puede ser definida como la expresión pública de la visión particular que el caricaturista tiene o se hace de personas y hechos. Añade que no siempre tiene como fin ridiculizar.

En opinión de Eneko las Heras (En Durán, 1990: 122) en vez de definir a la caricatura, habría que "desdefinirla" y añade que en este género lo más importante es la libertad, en el sentido de no definirla.

Guillermo Meneses (En Mogollón y Mosquera, 1983: 17) también es concreto. Dice que una caricatura es la expresión gráfica de la falta de respeto a todo y a todos.

Desde su perspectiva docente, Manuel Isidro Molina (En Mogollón y Mosquera, 1983: 17) indica que este género es una expresión humana y un esfuerzo intelectual que manifiesta la opinión e ideología del autor.

Humberto Muñoz (En Mogollón y Mosquera, 1983: 17), con experiencia práctica en el género, lo define como una realidad que está escondida dentro de las personas y las cosas, y solamente a través de los trazos del caricaturista se puede apreciar.

A su juicio, la caricatura puede tener diversidad de divisiones: personal o retratista, sólo de rasgos; satírica, política, social, y la caricatura que llamamos de "humor por humor", que crea una situación sólo para hacer reír.

A Abilio Padrón (En Durán, 1990: 123), según vimos, no le gusta el término caricatura porque se presta a confusión ya que se emplea para indicar que "se dibujan caras" pero también para denominar a los dibujos animados de la televisión.

Por esa razón, este caricaturista prefiere el término "dibujo satírico", que, según él, es un recurso expresivo que además de utilizar la sátira y la ironía, puede emplear o no la caricatura.

Para el político Paciano Padrón (En Durán, 1990: 124) tal vez no haya nada más serio que una caricatura, ya que si bien es la exageración humorística de un hecho, idea o personaje, lleva en su esencia a los mismos.

Agrega que las caricaturas, a pesar de exagerar y "de alguna manera deformar las realidades", son un excelente vehículo para describir hechos e interpretar situaciones.

Joaquín Pardo (En Durán, 1990: 121) sostiene que una caricatura es una idea que impacta, bien por el dibujo o bien por el texto, que debe llegar tanto al obrero como al intelectual y además hacerlos reír. "La caricatura -agrega- ayuda al lector a profundizar en los acontecimientos de una manera gráfica y veloz".

Pastecca (En Durán, 1990: 10) asegura que la caricatura es lo que el dibujante piensa sobre un personaje, es decir, su opinión sobre éste. Una vez hecho, el dibujo hace pensar a los demás.

La definición de Manuel Pérez Vila (1979: 5-6) repite algunas de las ideas expuestas por otros autores pero también incorpora elementos nuevos. La caricatura, dice, es esencialmente una de las formas de sátira, es decir, una manera de desenmascarar, criticar o atacar a una persona, familia, partido, clase social, institución, gobierno, situación, nación o etnia, destacando por lo común sus aspectos negativos o ridículos.

La caricatura, añade, es una sátira que se expresa fundamentalmente a través de una representación gráfica, casi siempre acompañada por una leyenda escrita o por uno o varios "globos", "fumetos" o inscripciones.

A veces -aclara Pérez Vila-, predomina el elemento gráfico hasta el punto de no necesitar el complemento de la palabra para alcanzar su propósito. En su opinión éstas son las mejores caricaturas y, por esta razón, piensa que debe resultar difícil lograrlas, y son más bien escasas.

Revista Latina de Comunicación Social

La Laguna (Tenerife) - diciembre 2001 - año 4º - número 45

D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 – 5820

http://www.ull.es/publicaciones/latina

Periodismo Iconográfico (X)

Clasificaciones sobre la caricatura (y2)

Dr. Carlos Abreu Sojo ©

Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna. Profesor Titular de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de

Venezuela.

caas2001@cantv.net

RESUMEN: De acuerdo con el autor, la caricatura puede dividirse de conforme a su finalidad y según el medio técnico empleado. En esta entrega, décima

de la serie sobre Periodismo Iconográfico, el doctor Abreu continúa desglosando estas dos grandes categorías y, en este sentido, hace referencia a la

caricatura política, costumbrista y de ilustración. Igualmente, a la caricatura impresa, fotográfica, escultórica, y radiofónica, entre otras.

PALABRAS CLAVES: Caricatura, clasificaciones

En nuestra última entrega hicimos referencia a la caricatura política y a la caricatura personal, que forman parte de nuestra clasificación sobre el género

desde la perspectiva de su finalidad. Dentro de esta categoría hay que incluir, además, la caricatura política, costumbrista y de ilustración.

Asimismo, el género puede clasificarse de acuerdo con el medio técnico empleado en caricatura impresa, fotográfica, escultórica y radiofónica, entre otras,

tal y como veremos en este trabajo.

Caricatura Política.- Al ser la caricatura un instrumento de lucha ideológica y crítica social y al proliferar en épocas de crisis, es natural que la temática

política tenga un sitial privilegiado dentro del género.

Herb Block (En Varios, 1979: 119-120) asegura que la caricatura política no es ni una información noticiosa ni un retrato al óleo. En esencia, añade, se trata

de una forma de hacer reír, de aguijonear la pomposidad y de criticar.

Para este caricaturista de The Washington Post, este tipo de caricatura es una irreverente forma de expresión apta para burlarse de los “intocables" y

poderosos. Sostiene que si el papel esencial de una prensa libre es servir como crítica del gobierno, la caricatura debe ser “el filo cortante de ese criticismo".

De por sí, los políticos siempre han sido un ingrediente importante del humor, al punto de que la primera gran figura universal dentro del género fue

Napoleón Bonaparte. (Feaver, 1981: 57)

En naciones como Venezuela, el tema político es un componente fundamental de la sociedad, al punto de que los gobernantes tienen que decidir sobre

cuestiones disímiles y complicadas que abarcan desde el comercio internacional hasta el deporte.

Y ahí, como buena arma de oposición que es -o de oportunismo- entra en juego la caricatura. De hecho, no hay que olvidar que desde sus primeros

tiempos ha sido un arma para combatir el poder. Lo fue primero contra los dioses griegos y egipcios y, posteriormente, contra los políticos que han

encarnado ese poder.

En nuestro caso y en el de otras naciones la cultura, la economía, y hasta la educación giran en torno a la política, razón por la cual no debe extrañar que

proliferen las caricaturas con ese tinte.

En este sentido, es bueno aclarar que la denominación de caricatura política no sólo abarca a personajes o situaciones vinculadas directamente a ese

mundo, sino que también incluye expresiones de la preocupación social de los caricaturistas.

Para decirlo de otra manera, hay caricaturas que entran en esa categoría no sólo por aludir a la actividad política sino por la intención que las anima,

perceptible en no pocos trabajos sobre temas económicos, educacionales o de salud pública. (Torres, 1982: 251-252)

Quizás en razón de lo anterior, una crítica que se le hace a sus autores es que se han olvidado de otras temáticas en las que lo político no esté subyacente.

Empero, los caricaturistas asumen como bandera de defensa que los periódicos muchas veces prefieren una mala caricatura política a una excelente

caricatura realizada en cualquier otra área.

Dentro de la caricatura política ha habido dos grandes corrientes: caricaturas “tremendas" y “caricaturas palaciegas". Las primeras son las de denuncia

valiente, sin concesiones, mientras que las segundas -bautizadas así por el doctor Humberto Cuenca- son sinuosas, adulantes y cortesanas. (Cuenca, 1961:

97)

Al ser la caricatura un instrumento de crítica, las “tremendas" predominan sobre las “palaciegas". No obstante, estas últimas, que ocuparon la primera plana

de los periódicos de Caracas en los días de Cipriano Castro, y en los tres primeros del gobierno de Juan Vicente Gómez (Velásquez, 1981: XVII), todavía

tienen sus cultores.

Por ejemplo, algunos investigadores han encontrado en los trabajos de Humberto Muñoz una posición claramente antiadeca o procopeyana. Esto fue

particularmente notorio en la campaña electoral de 1978 en la que dicho caricaturista presentaba a un Luis Piñerúa empequeñecido, ojeroso e ignorante

frente a un Luis Herrera Campíns triunfante y agigantado. (Mogollón y Mosquera, 1983: 376)

Caricatura costumbrista.- Es aquella que refleja la vida cotidiana de las personas, sus hábitos, oficios, profesiones, modas, defectos, valores y, en general,

su forma de vida. Evora Tamayo la define como aquella que recoge las expresiones propias de un país, región, grupo étnico, “típicos en un momento típico

también". (Tamayo, 1988: 11). De esta manera, este tipo de caricatura muestra escenas de vendedores ambulantes, puestos de venta, chicheros, incidentes

callejeros, salas de espera de consultorios médicos, compras en el mercado, etc.

Aun cuando su función principal no es documental, como en el dibujo realista o en la fotografía, la arquitectura de las ciudades, y las modas, entre otras

cosas, pueden ser analizadas en sus detalles y en sus cambios al observar detenidamente la obra de los especialistas en esta modalidad.

Del mismo modo, las creencias, las supersticiones y las expresiones tradicionales del folklore venezolano se encuentran plasmadas en las caricaturas

costumbristas así como los diferentes ritmos musicales y el devenir de los medios de transporte. (Torres, 1982: 180-186).

Caricatura de ilustración.- En este caso, en lugar de ir dentro de un cartón o viñeta, la caricatura se utiliza como complemento del texto ya sea éste un

trabajo informativo o bien un artículo, crónica o editorial.

Eduardo Robles Piquer llama a estas imágenes “monos" y dice que caricaturizan un hecho o situación, comentando o condenando las noticias del día,

asuntos políticos o económicos, y maneras o costumbres:

Son dibujos “cómicos" o chistes que provocan la risa, o utilizan la sátira en plan moralizador o con intenciones de educar a corregir.

Pocas veces, son, sin embargo, vehículos de humor. (En Esteva-Grillet, 1992: 79)

A pesar de su función ilustradora de textos, desde hace algunos años --especialmente desde comienzos de esta década-- este tipo de caricatura ha ido más

allá de sólo ocupar un espacio con fines estéticos o de ser un simple adorno. En este sentido, no se ha limitado a “visualizar" lo que se dice en el texto.

Al contrario, en ocasiones, en lugar de encontrar los motivos de sus obras en el titular, sumario o encabezamiento de un texto, el autor plasma en la

caricatura sus conceptos y proposiciones respecto a ese escrito.

De manera que, sin perder su papel de ilustrador del texto, en este caso la caricatura conjuga lo técnico con lo comunicacional y no se limita a un simple

acompañamiento visual. En este orden de ideas cabe destacar la labor realizada por Economía Hoy y, en menor medida, por El Nacional, El Diario de

Caracas y El Globo. (Sánchez, 1994: 150-151)

Es oportuno señalar que, al contrario de la caricatura editorial, la cual es fundamentalmente política --en el sentido más amplio del término--, la caricatura de

ilustración suele tratar, además de esa temática, otras áreas. En deportes, por ejemplo, es frecuente su uso. Por lo demás, la caricatura de ilustración puede

emplearse en cualquier género del periodismo escrito.

Al margen de la especialización en que se emplee, no suele llevar título propio, ni tampoco leyendas, globos o fumetos. De allí que aún en los casos en los

que el caricaturista hace alguna propuesta personal más allá de lo que se dice en el texto, su función fundamental sigue siendo la de ilustrar.

Según el medio técnico empleado

Caricatura impresa.- Es la modalidad más conocida y, según hemos visto, se utiliza desde hace siglos. Diarios, semanarios, magazines y revistas ilustran

sus trabajos con caricaturas, o las emplean como parte esencial del mensaje, muchas veces con propósitos editoriales.

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Abreu Sojo, Carlos, 2001: Periodismo ... (X).

http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina45diciembre/4506abreu.htm

Las hay desde las más simples y sencillas, elaboradas con unos pocos trazos, hasta las más plásticas y creativas, donde a veces se emplea hasta el color.

Esto no debe extrañar, ya que ello forma parte del estilo de cada caricaturista.

De manera que así como hay periodistas, articulistas, cronistas o editorialistas que difieren en la manera de decir las cosas, también existen muchas veces

notables diferencias entre un caricaturista y otro.

Esto, de alguna manera, explica por qué, por ejemplo, algunos tratan de suprimir el texto o reducirlo a su mínima expresión. Asimismo, en virtud del estilo de

cada autor uno logra entender cómo puede haber diferencias a veces abismales en la manera de presentar una persona, situación o cosa, entre uno y otro.

Por supuesto que en esta situación también entra en juego la formación del caricaturista, su calidad profesional y hasta la ideología. Pero ponga usted a dos

artistas con estudios o experiencia similar, de reconocida trayectoria, y con maneras similares de ver el mundo, y aún así advertirá diferencias en los trazos,

en los personajes, en el uso de los vocablos, en fin, en el estilo.

Huelga señalar que en las demás modalidades de caricaturas según el medio técnico empleado también se advierten diferencias estilísticas entre cada

autor.

Caricatura Fotográfica.- Aun cuando se publica en medios impresos, su estudio amerita una clasificación aparte. Es aquella realizada gracias al uso de

recursos técnicos fotográficos.

También se considera una modalidad dentro de la misma aquella que emplea objetos diversos como libros, lentes, metras, tela, guantes, brochas, grifos, y

cualquier otro material que la imaginación del autor escoja para representar a un personaje. En otra parte de este trabajo la estudiamos con más

detenimiento.

La caricatura fotográfica no debe confundirse con la inclusión de fotos en una caricatura. En este caso, se combina el uso de las mismas con los trazos de la

imagen pero a la hora de sopesar el conjunto, estos últimos llevan el mayor peso del trabajo. En nuestro país, Carlos Fonseca ha utilizado mucho las fotos

en sus caricaturas.

Tampoco puede considerarse caricatura una foto con tinte irónico, como ocurrió en el Primer Concurso “El humor como arma de la lucha ideológica". En ese

evento, el cubano Luis García González concursó con una fotomancheta

[1]

(1) en la que se observa a una vietnamita apuntando a un norteamericano en

una foto intitulada “¡Cómo cambian los tiempos!".

Caricatura escultórica.- Aun cuando ya hemos hecho referencia a ésta como una modalidad de la caricatura fotográfica, algunos autores hablan de ella

como una categoría independiente. El famoso Daumier fue quizás el primero en utilizarlas, aunque un contemporáneo suyo, Jean-Pierre Edouard Dantan

también las empleó.

Las pequeñas caricaturas escultóricas de Dantan fueron exhibidas en el pasaje Panoramas en Francia y atrajeron considerablemente la atención del

público, al punto de que fueron copiadas ampliamente en bastones, paraguas, máscaras y toda clase de artefactos.

Esos trabajos tenían solamente nueve pulgadas de alto y caricaturizaron a celebridades tales como Strauss, Listz, Paganini, Balzac, Dumas y muchos

actores de la comedia francesa. Al igual que Daumier, Dantan tuvo gran influencia en la caricatura de la década de los 30 del siglo XIX. (Feaver, 1981: 72)

Respecto del mundo contemporáneo, no se puede dejar de mencionar el trabajo de Peter Fluck, cuyas caricaturas escultóricas políticas de tres dimensiones

tuvieron resonancia en los Estados Unidos durante los años 70 y 80 y llegaron a aparecer en portadas de The New York Times Magazine. (Feaver, 1981:

231)

En Venezuela, se presentaron “esculto-caricaturas" en el Primer Salón de Humoristas, en 1919. (Torres: 155). Posteriormente, en el Segundo Salón, en

1931, ALFA presentó caricaturas de personajes famosos realizadas con frutas o piezas de vajilla.

Así, por ejemplo, el cellista Roldán fue representado por medio de una jara, el doctor Gil Fortoul por un coco, y un aguacate sirvió para caricaturizar al padre

Lovera. (Torres: 159) Cinco años antes, la revista Caricaturas había publicado algunas logradas a base de frutas, utensilios y herramientas. (Mogollón y

Mosquera, 1983: 96)

Menos lejano en el tiempo, Eduardo Robles Piquer (RAS) realizó una exposición de caricaturas en esmalte sobre hierro en la Galería Mendoza en 1963

(Torres, 1982: 407) y El Diario de Caracas dio cabida a la modalidad en varias ocasiones.

Caricaturas radiofónica y televisivas.- Considerado uno de los géneros más difíciles del radioperiodismo, utiliza la palabra como vehículo de opinión para

“pintar" los rasgos de algún personaje. En la década de los 40, Rafael Guinand hacía eso utilizando el recurso de una conversación telefónica fingida.

Esa caricatura radiofónica finalizaba con una estrofa de cuatro versos que cantaba en ritmo de galerón. Esta modalidad forma parte secundaria y ocasional

de algunos programas humorísticos, mas no se emplea en los noticieros radiofónicos. (Cabello, 1978: 169)

El programa de humor básicamente consiste en formular críticas sutiles sobre situaciones sociales, políticas y económicas y sus características son las

siguientes:

Tiene un argumento o trama, que puede ser diferente en cada programa, tener carácter de serie o mantener la misma escena o personajes con

temática variable.

El personaje o los personajes protagónicos aparecen en todos los espacios, aunque cambien las circunstancias. Al igual que en la caricatura de

prensa, cada personaje es estereotipo de una clase social o de una personalidad.

Cada emisión tiene como centro argumental una crítica a algún aspecto económico, político, social o cultural aun cuando puedan formularse otras de

manera accidental o casual. El planteamiento produce hilaridad o tristeza en el público.

La temática suele ser amplia, pese a que se desarrolle sobre un sólo ángulo como, por ejemplo, las peripecias de un desempleado. (Cabello, 1986 :

80)

Estas características referidas a la radio son aplicables también a la televisión, donde, por lo demás, hay la ventaja de que la imagen cumple un papel

importante al momento de caricaturizar a un personaje.

Algunas imitaciones de políticos y personajes-tipo en programas como radiorrochela apuntan hacia el género caricatura aunque es bueno advertir que este

programa es cómico, más vinculado a los chistes que al humor.

En la televisión también hay ejemplos de programas de corte caricaturesco. En Inglaterra, a mediados de los 80, los muñecos del programa Splitting Image

fueron bandera de la protesta satírica contra el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher.

En poco tiempo lograron estar en la cima del rating gracias a la versión que presentaron de los rostros y personalidades de diversos personajes del

acontecer de esa nación.

Tan grande fue su éxito que además de mantenerse durante diez años en el aire el espacio se exportó a varios naciones y empezó ser imitado en otras

plantas de televisión. Así lo hizo, por ejemplo, la Televisión Española que, no obstante, debido a su carácter de canal estatal, se centró en figuras del fútbol.

Mientras, Canal + de Francia sacó al aire otro programa con un humor más verbal que físico, bastante ácido y penetrante. La importancia de este espacio

deriva del hecho de que formaba parte de un noticiero -una experiencia sin parangón en el mundo-, a modo de comentario humorístico de los hechos de

actualidad.

Al extenderse Canal + a España, la empresa gala se arriesgó a competir con sus propios muñecos con la TVE. Tan grande fue su éxito que los títeres

aparecían en diciembre despidiendo el año.

Iniciativas similares ocurrieron en Portugal y Alemania y, finalmente, llegaron a América Latina concretamente a Colombia y a México, donde recibieron,

respectivamente, los nombres de Los reencauchados y Hechos en peluche.

A partir de abril del año pasado, Radio Caracas sacó al aire el programa “Muñecotes", en segmentos independientes de 10 minutos de duración, antes de la

novela estelar.

Los personajes eran auténticas réplicas -por supuesto, con sus rasgos acentuados- de conocidas personalidades de la vida nacional. El reparto incluía a

Hugo Chávez, Irene Sáez, Henrique Salas Römer, Eduardo Fernández, Claudio Fermín y Carlos Andrés Pérez.

Cada uno de los muñecos costaba casi 10 mil dólares y requería el manejo de uno dos titiriteros. Eran fabricados en Colombia, hechos primero en arcilla, de

la que se formaba un molde de fibra en vidrio sobre el cual se vaciaba una mezcla de látex, y varios productos químicos que les daban resistencia y

maleabilidad.

Posteriormente, el muñeco era sometido a cocción mientras se corregían sus defectos y adquiría su forma definitiva. Al final se colocaban el cabello, las

cejas, las pestañas, y se maquillaba como a un ser humano.(Osio, 1998: El Nacional, B-Última) De más está decir que recursos como la burla y la ironía

rodeaban sus performances.

Otras clasificaciones.- Existen otras modalidades de caricatura. Una de ellas son las caricaturas escritas llamadas también textos caricaturescos. Por medio

de la palabra describen a las personas en términos burlescos e incisivos.

Las caricaturas escritas se utilizaron en el siglo pasado tanto en Caracas como en el interior. (Torres, 1982: 28, 138) No deben confundirse con las

caricaturas elaboradas a base de palabras.

En estas últimas, el resultado sigue siendo un dibujo, sólo que sus contornos o trazos son elaborados con letras. Paul Flora, quien laboró para publicaciones

alemanas y austriacas durante los años 60 y 70 de esta centuria, es quizás su más notable representante.

En nuestro país, Pedro León Zapata ha incluido dentro de las viñetas o recuadros de sus acostumbradas caricaturas mensajes elaborados con base en

palabras y acompañados de algunas orlas u otros adornos. No obstante, a diferencia de Flora, las palabras no delinean figuras o contornos.

Otra categoría la constituyen las caricaturas fononímicas las cuales realizan quienes tradicionalmente han sido llamados “imitadores" (Torres, 1982: 20)

Finalmente, en la Cátedra del Humor de la UCV se ha hecho referencia a las caricaturas musicales, las cuales parten del mismo principio de las escritas

pero además llevan partitura. No conocemos ningún ejemplo que permita ilustrar mejor sus características.

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Abreu Sojo, Carlos, 2001: Periodismo ... (X).

http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina45diciembre/4506abreu.htm

REFERENCIAS

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CABELLO, Julio (1986). La radio: Su lenguaje, géneros y formatos. Editorial Torre de Babel. Caracas, Venezuela

DE JUAN, Adelaida (1982). Caricatura de la República. Editorial Letras Cubanas. Colección Panorama. Ciudad de La Habana

ESTEVA-GRILLET, Roldán (1992). El dibujo en Venezuela: Estudio y antología de textos. Fundarte. Alcaldía de Caracas. Venezuela

FEAVER, William (1981). Masters of Caricature. Weindenfeld and Nicolson. London

MOGOLLÓN, Mery y Cira Mosquera (1983). La caricatura política en la campaña electoral venezolana (1973.-

1978). Universidad Central de Venezuela. Facultad

de Humanidades y Educación. Escuela de Comunicación Social. Trabajo de Licenciatura. Venezuela

SÁNCHEZ, Abraham (1994). La ilustración en la prensa venezolana contemporánea. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación.

Escuela de Comunicación Social. Caracas

TAMAYO, Evora (1988). La caricatura editorial. Editorial Pablo de la Torriente. Temas de Periodismo. Cuba

TORRES, Ildemaro (1982). El humorismo gráfico en Venezuela. Ediciones Maravén. Venezuela

VARIOS (1976). La página editorial de The Washington Post. Ediciones Gernika. México

VELÁSQUEZ, Ramón (sin data). Los liberales amarillos en la caricatura venezolana. Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y Fundación para el rescate del acervo

documental venezolano. Caracas

FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:

Nombre del autor, 2001; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social, número 45, de diciembre de 2001, La Laguna (Tenerife),

en la siguiente dirección telemática (URL):

http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina45

CHILE

CHILE
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EBANO AMERICANO II

EBANO AMERICANO II
Cuando Haití no era tan pobre Por Carlos Salas La historia de Haití está llena de catástrofes. La amenaza de una epidemia porcina acabó en 1978 con su población de cerdos. Desde entonces, el país sobrevivía vendiendo café y mango. Pero a partir de ahora solo le quedan las ayudas humanitarias. Los anales de Haití registran el año de 1978 como uno de los más catastróficos de su historia. Una epidemia saltó del continente africano a la isla de Cuba, donde 460.000 cerdos tuvieron que ser sacrificados. La siguiente en sufrir la epizootia fue la isla de La Hispaniola, donde se ubican dos países: la República Dominicana y Haití. En esta última parte de la isla, se empezaron a ver algunos cerdos negros muertos cerca de las carreteras. Ante el panorama de que los cerdos estuvieran contaminados empezó lo peor. Las autoridades sanitarias haitianas en cooperación con el gobierno de los Estados Unidos ofrecían 30 dólares por cada cerdo negro, vivo o muerto, de modo que los campesinos comenzaron a entregar sus existencias, sin saber realmente si estaban contaminados. En un año se invirtieron 22 millones de dólares y se sacrificaron a 400.000 cerdos, o cochon planche, como los llamaban en francés los haitianos. ¿Por qué tanta prisa? Porque las autoridades sanitarias norteamericanas temían que la epidemia saltase a Estados Unidos y se cargase una industria que movía 10.000 millones de dólares. Según contaba la revista Time entonces, verdaderos escuadrones de la muerte iban recorriendo los campos haitianos para liquidar la población porcina. Pagaban entre 30 o 40 dólares por animal y los ejecutaban sin miramientos, estuvieran contaminados o no. Los cerdos representaban el modo de vida de 800.000 haitianos y se usaban hasta en las ceremonias vudús. Cerdos blancos o 'capitalistas' Para que el mal no fuera tan grave, el gobierno de EEUU envió a la isla cerdos blancos, Hampshires y Yorshires, bautizados como "cerdos capitalistas por la columnista norteamericana Jane Smiley, de The Huffington Post. Claro que estos animales necesitaban tal cantidad de comida, agua y minerales, que, mientras más engordaban, más empobrecían los haitianos. Nada que ver con el viejo y añorado cerdo haitiano, cruce de cerdo español y animal salvaje de la isla. La mezcla, realizada en el siglo XVI, produjo un cerdo que se alimentaba de hierbas salvajes y con ello limpiaba las granjas de malezas, e incluso de pequeños roedores. El cerdo negro haitiano era como una aspiradora que también tragaba gusanos y encima necesitaba menos energía para su manutención. Este animal dejaba como fertilizantes sus purines, ricos en nitrógeno, con lo cual el suelo era más cultivable. Era un cerdo pobre pero útil. En cambio, el cerdo yanqui resultó de costumbres tan capitalistas que empobreció a los campesinos, lo cual les obligó a emigrar a Puerto Príncipe, y convertirla en una ciudad superpoblada. Mango y café Los animales domesticados no eran la única fuente de riqueza de Haití. El mango y el café son sus principales exportaciones, aparte de cierto atractivo turístico para los cruceros que sortean el Caribe. El 60% de la población sigue viviendo de la agricultura, pero la renta per cápita de dos dólares al día, le sitúan como el país más pobre del continente. Paradójicamente, uno de sus barrios más pobres se llama Cité Soleil, (Ciudad del sol), un inmenso basurero adonde no llega ni la luz. Tras el terremoto, los expertos de Naciones Unidas calculan que harán falta diez años para recuperar el nivel que tenía el país antes de que sus casas se vinieran abajo. Eso quiere decir que el país dependerá de las ayudas extranjeras, que ya venía recibiendo antes de la catástrofe. Lo peor es que Haití ocupa uno de los primeros lugares del mundo en la clasificación de corrupción social, lo cual significa que gran parte de esas ayudas no llegarán nunca a su destino.

EBANO AMERICANO

EBANO AMERICANO
Haití En la lengua de los taínos, los primitivos pobladores de las Antillas, la isla que los conquistadores denominaron Hispaniola y, más tarde, Santo Domingo, se llamaba Ayití, que significaba 'tierra de las altas montañas', o también 'la montaña sobre el mar'. En el siglo XVII, cuando los franceses provenientes de la isla Tortuga ocuparon la parte occidental de la Hispaniola, afrancesaron el nombre de Santo Domingo a Saint-Domingue, denominación que quedó consagrada por los tratados de Rickswick (1697) y de Basilea (1795) para designar a la parte occidental de la isla, que en aquella época tenía el sobrenombre de "perla de las Antillas". Haití se llamó así Saint-Domingue hasta su independencia, el 1º de enero de 1804, cuando el líder de la revuelta de los esclavos, Jean-Jacques Dessalines, tras tomar el poder, le reimpuso el nombre taíno, afrancesado a la forma Haïti, con diéresis sobre la i. El mismo día Dessalines, tal vez como un desafío al poder de Napoleón, se proclamó emperador del nuevo país y gobernó como tal hasta 1806, cuando murió asesinado. Haití es hoy el país más pobre de América y uno de los más pobres del mundo. La tragedia que castiga hoy a la isla debe ser oída como un llamado a la solidaridad de todos los hombres y mujeres del mundo.

ELECTRIZANTE..!

ELECTRIZANTE..!
Se necesitan el aporte de todos..!

domingo, 28 de septiembre de 2008





1 comentario:

Iraida dijo...

Te Felicito Edgar, aqui demuestras muy bien tu ingenio y la creatividad al máximo, nuevamente felicitaciones y que sigas siempre hacia adelante. Un abrazo.