ASÍ ME VIO GLORILIB..MERIDA 11 DE MAYO DE 2010

ASÍ ME VIO GLORILIB..MERIDA 11 DE MAYO DE 2010
ACÁ ESTA EL AFRICANO...!

autorretrato

autorretrato
Merida2010

Leoncio Martínez (Leo)


Nace en Caracas el 22.12.1888
Muere en Caracas el 14.10.1941

Leoncio Martínez
Leoncio Martínez
Ilustración realizada por Edgar Vargas

Importante humorista, periodista, poeta, publicista, dramaturgo y caricaturista del siglo XX venezolano. En 1912 fue uno de los principales promotores de la creación del Círculo de Bellas Artes. Fueron sus padres Juan Martínez Zozaya e Isabel Martínez. En su rol de periodista colaboró en la redacción de periódicos y revistas de Venezuela, tales como El Cojo Ilustrado (1908), La Voz del Pueblo, El Nuevo Diario (1913) La Linterna Mágica y Pitorreos (1918). Junto a Francisco Pimentel (Job Pim), fundó en 1923, el semanario Fantoches, del que fue director y principal colaborador hasta su muerte. Fuera de Venezuela, trabajó como ilustrador y redactor de la revista Carnaval de Puerto Rico, para lo cual fue contratado en 1911. Con el seudónimo "Leo", redactó columnas de crítica literaria, taurina y de actualidad, en el semanario Fantoches, así como la permanente sección Leo y Comento, caracterizada por las apreciaciones jocosas de temas variados y también como tribuna para dirigir sus críticas al régimen gomecista.

Leoncio Martínez contribuyó al redimensionamiento de la publicidad de la primera mitad del siglo XX venezolano, al lograr mediante sus caricaturas una síntesis del mensaje con la caricaturista costumbrista, adaptando al tono de la época y del medio los productos nacionales e importados que se tenían para el momento. En este mismo campo, fue también el primero en hacer publicidad luminosa en algunas esquinas de Caracas, adaptando a una estantería de fondos con instalaciones de bombillos, telas transparentes dibujadas y coloreadas que cambiaba cada mes, logrando así el efecto de luz que se requería. Leo mostró su talento artístico en la realización de los decorados para numerosas obras de teatro, sainetes y zarzuelas de la época (entre los que se destaca en 1914 la escenografía para la zarzuela de un acto y 3 cuadros Alma Llanera, de Rafael Bolívar Coronado y Pedro Elías Gutiérrez). Asimismo, fue creador de revistas musicales como Sin Cabeza (1917), representada en su estreno por Rafael Guinand, El Rey del Cacao (1914) y Nenelisk (1917), y El Conflicto (1917), cuya autoría compartió con Francisco Pimentel y Armando Benítez. También por requerimientos de varias de sus obras, Leoncio Martínez compuso la letra de algunas canciones populares tales como Dama Antañona y La Musa del Joropo. Debido a sus opiniones políticas, Leo fue encarcelado varias veces durante los gobiernos de Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras. En 1932, Leoncio Martínez publicó una recopilación de sus cuentos bajo el título de Mis otros Fantoches. Sus poesías fueron editadas entre (1943-1944) y una selección de sus dibujos fueron reunidas por Aquiles Nazoa en 1959.

Sala de Prensa 34

Agosto 2001 Año III, Vol. 2

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WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

Periodismo iconográfico

La caricatura: historia y definiciones

Dr. Carlos Abreu *

La caricatura es, junto con el dibujo realista, la modalidad de imagen periodística más antigua que se conoce. La definición aristotélica dice que "representa a los hombres peores de lo que son" (Quirós Corradi, en Torres, 1982: presentación).

El vocablo deriva de "caricare" que significa cargar, acentuar o exagerar los rasgos (Gubern, 1987: 215) y, según algunos autores, fue acuñado por Aníbal Caracci hacia finales del siglo XVI. Con el término, caracci designaba a los trabajos que él y otros artistas hacían entonces en Bolonia (Torres, 1982: 18).

Un siglo más tarde, la caricatura se definía como un método de hacer retratos que tenía como propósito lograr el máximo parecido del conjunto de una fisonomía, "pero cambiando todos los elementos componentes" (Gombrich, 1987: 99).

Pero mucho antes de estos primeros intentos por definir esta forma expresiva ya habían sido empleadas imágenes con rasgos de caricatura. Por ejemplo, se ha dicho que en la antigüedad se llegaron a utilizar representaciones gráficas caricaturescas en pinturas, dibujos y esculturas.

Podríamos remontar el curso del tiempo hasta los papiros egipcios, las ánforas griegas o los frescos de Pompeya, y recordar algunas gárgolas, estatuas o autorrelieves de iglesias y catedrales medioevales... (Pérez Vila, 1979: 5)

También se presume que algunos dibujos precolombinos podrían tener características de la caricatura. Algo similar se ha encontrado en Japón, con muestras que datan del siglo IX. (Martínez de Sousa, 1992: 73-74). De manera que muchas figuras de la Antigüedad y de la Edad Media deben considerarse representaciones caricaturescas, aunque el propósito de sus autores no haya sido humorístico o satírico.

De hecho, dentro de ellas algunos especialistas incluyen, por ejemplo, la reproducción de dioses con cabezas de animal tales como Isis (Gato), Horus, (Gavilán), Set (Asno), y Sekhet (Leona), en el Antiguo Egipto.

Mientras, en la Edad Media se mencionan, entre otras, además de las gárgolas de algunas catedrales, la cabeza que empleó fray Angélico para representar en la Academia de Florencia al evangelista San Juan (Tamayo,1988: 8).De otro lado, es sabido que el primer cuerpo de caricaturas políticas impresas, cuyo contenido desconocemos, apareció en panfletos en Florencia, durante la última década del siglo XV (Ivins, 1975: 62).

Respecto del Renacimiento, algunos especialistas ven en diversos trabajos de Leonardo da Vinci antecedentes de la caricatura debido a lo grotescos y deformes que resultaban algunos de sus dibujos de seres humanos (Feaver, 1981: 23).

En cuanto a los periódicos, pocos años después de que Carracci propusiera su definición, el Nieuwe Tijdinghen, en Amberes, publicó una caricatura en la que se observa a un pastor protestante haciendo propaganda político-religiosa mientras el demonio le insufla ideas con un fuelle (Martín Aguado, 1978: 155).

A mediados del siglo XVIII, concretamente en mayo de 1754, Benjamín Franklin difundió en la Pensylvania Gazette la imagen de una culebra dividida en ocho partes, cada una de las cuales llevaba las iniciales de una de las colonias, formando la leyenda "Unión o muerte".

Con esta imagen se buscaba organizar las colonias norteamericanas contra los indios y los franceses (Varios, 1976: 12). En lugar de una caricatura, algunos especialistas ven en este trabajo un antecedente de la infografía (Horn y Monmonier en Serra, sin data: s.n).

Por esa misma época, exactamente en 1786, y raíz de un juicio de "residencia" contra el gobernador de Caracas, Manuel González Torres de Navarra, alguien -no se sabe quién- añadió al expediente una caricatura "muy infantil, pero reveladora del desprecio del autor hacia el funcionario en cuestión" (Esteva-Grillet, 1992: 13).

La revolución francesa y, posteriormente, el imperio napoleónico, impulsaron las caricaturas, en especial las de tinte político. Empero, también a las de intención satírico-moralizante como la serie "Le Marriage a la moda", del británico William Hogarth, y "Los caprichos" de Goya.

Aún así, al igual que en Norteamérica, las caricaturas raramente eran publicadas en los periódicos franceses, ingleses y rusos sino que se vendían como pan caliente en Londres, París, Moscú, y otras ciudades europeas, grabadas en hojas sueltas, en ocasiones coloreadas a mano (Pérez Vila, 1979: 7-8).

El siglo XIX traería la consolidación del género, especialmente en Europa, gracias al desarrollo de la xilografía y la litografía, y a las convulsiones políticas que sacudían algunas naciones del llamado viejo continente. Como veremos, la temática política ha sido tradicionalmente caldo de cultivo para la caricatura.

La difusión de la educación básica en Europa y los Estados Unidos desde 1870 en adelante, aunado al sufragio para hombres adultos crearon un terreno fértil para el desarrollo de la caricatura política (Feaver, 1981: 95).

Entre las publicaciones que, por esos años, hicieron de esta forma expresiva un hábito, se pueden citar, entre muchas otras, El Figaro in London, La Caricature politique, moral et littéraire -inspiración de la mayoría-, Punch, y Le Charivari.

Igualmente, no se puede dejar de mencionar a La Silhouette, -para Feaver la más importante-, Kladderadattsch, Le Grelot, Le Chat Noir, Le Almanach, La Fronde, Vanity Fair, London Figaro, Krukehler, Fliegende Blutter, y La Via Parissiene.

Allí brillaron los caricaturistas Honoré Daumier, Etienne Carjat, Gaspar Felix Tournachon (Nadar), John Tenniel, Gustavo Doré, Alfred Le Petit, Felix Reejamey, Alphone Colomb (Moloch), John Wilson Berrough, Joseph Keppler y Adriano Cecioni, entre muchos otros artistas (Feaver, 1981: 74-99).

Estados Unidos también tuvo lo suyo. Puck, Dramatic News, Harper´s Weekley, New York Illustrated, News Moonshine y Grip abrieron las puertas al género, cuyos principales representantes quizás fueron Leslie Word y Thomas Nast. Mientras, en América Latina destacó Caras y Caretas, en la que colaboraron artistas españoles y americanos (Martínez de Sousa, 1992: 74).

Variedad de conceptos

Las definiciones sobre caricatura no son escasas, como es natural, ya que, como vimos, ellas datan de tiempos remotos. Algunos de esos conceptos nos dan una idea precisa sobre la esencia del género. Otros son ambiguos y etéreos.

Marta Aguirre (1990: 42) expresa que la caricatura es una forma de comunicar opinión sobre un hecho de actualidad, utilizando el dibujo humorístico, con o sin palabras, "que explique su mensaje".

Honorato de Balzac (En Mogollón y Mosquera, 1983: 14) decía que la caricatura es un recurso agresivo y cordial. Enrique Bergson (En Columba, 1959: 20) indica que el arte del caricaturista radica en atrapar un rasgo a veces imperceptible y hacerlo visible a los ojos al agrandarlo.

Francisco Bautista, "Kiko" (En Durán, 1990: 123), afirma que caricatura es todo aquello que deforma la realidad. El elemento más importante de ella, agrega, es que no debe tener ninguna "caracterización previa", sino que debe salir de la propia autenticidad de nuestra inteligencia e imaginación.

Andrés Eloy Blanco (En Mogollón y Mosquera, 1983: 14) asegura que un caricaturista es lo único serio en materia de psicología plástica. Agrega que el mismo no necesita humor e incluso puede hacer su trabajo disgustado. Mas aclara que cuando en su obra hay risa, él es más verdadero, humano, abnegado y filósofo.

Fraser Bond (1974: 263) señala que en la caricatura se expone en forma gráfica el punto de vista del periódico. Agrega que en esta era, en la que muchos lectores no creen disponer del tiempo necesario para leer un editorial, éstos le dan un vistazo a la caricatura y comprenden el significado editorial.

Desde hace mucho tiempo, puntualiza Bond, este género ha demostrado ser una fuerza muy potente en la formación de la opinión pública.

Mariano Cebrián Herreros (1992: 394) asegura que la caricatura es el retrato de cuerpo entero o sólo del rostro de una persona -o excepcionalmente de un grupo para destacar sus relaciones- de la que se exalta o destaca exageradamente algún rasgo físico definitorio. Tiene un carácter hiperbólico, añade, y refleja la visión personal del dibujante.

Para Cebrián, la caricatura es una interpretación personal que lleva "una cierta carga humorística" y burlona que puede llegar en ocasiones a cumplir una función "editorializante" respecto del protagonista.

Ramón Columba (1959: 8) asegura que la caricatura es la risa dibujada en el papel. Es un destello, una chispa, una creación intuida por el humorista -agrega- que nos da la idea de lo grotesco.

Humberto Cuenca (1961: 195), entre tanto, señala que en sus comienzos la caricatura fue considerada como un híbrido, fruto del arte y la literatura -dibujo y leyenda-, que apareció en el periodismo desde el fondo del anonimato, con el fin de burlarse de los políticos y de la aristocracia.

Ignacio de la Mota (1994: 219) afirma que es una expresión gráfica, normalmente de carácter editorial, que presenta ridícula y grotescamente como protagonista a una personalidad afectada por el tema de que se trata.

Además, a su juicio la caricatura posee una gran fuerza en la formación de la opinión pública por la exageración de los rasgos físicos o profesionales. Más adelante, De la Mota la define como una ironía consistente en la exageración burlona de los rasgos de un personaje.

En los diccionarios también se consiguen definiciones sobre la caricatura. El Larousse Ilustrado dice que ésta es una reproducción grotesca de una persona o cosa. (De Toro y García-Pelayo, 1964: 200)

El Diccionario Enciclopédico de las Artes señala (En Mogollón y Mosquera, 1983: 15) que la caricatura es la representación exagerada de los rasgos o actitudes características de una persona para producir un efecto risible, y que se emplea con frecuencia como instrumento de crítica social y política.

El Diccionario de Información, Comunicación y Periodismo indica que la caricatura es un dibujo en el que se deforman, resaltándolos, los rasgos más peculiares, las facciones y el aspecto de una persona o cosa. (Martínez de Sousa, 1992: 73)

Para el Diccionario de la Real Academia Española, el género en cuestión es una figura ridícula en que se deforman las facciones y el aspecto de una persona. Además, la considera una obra de arte en la que claramente o por medio de emblemas y alusiones se ridiculiza una persona o cosa. (DRAE, 1970: 262)

La Enciclopedia Ilustrada Europea-Americana (En Tamayo, 1988: 7-8) ofrece una extensa definición. Dice que la caricatura es una representación plástica de una persona o de una idea, interpretándola voluntariamente bajo su aspecto ridículo o grotesco.

Agrega que "artísticamente" su fuerza estriba en la preponderancia de los elementos característicos de la persona o cosa representada. "Sus medios de expresión son la escultura, la pintura, y más comúnmente el dibujo; sus derechos en arte, los mismos que la sátira y lo burlesco en literatura".

Añade que con frecuencia la idea del dibujo se aclara con inscripciones o cortas leyendas que precisan la intención satírica del artista. Finalmente, puntualiza que no es necesario que la idea que ha motivado el dibujo sea la de ridiculizar a una persona o cosa.

Emil Dovifat (1960: 82-84) se extiende en su definición del género que estamos estudiando. Caricatura, en su opinión, es cargar e insistir, y "es en sí" la exageración satírica de las particularidades propias de personas o circunstancias, señaladas de forma "certera o impresionante".

Dovifat añade que como instrumento de lucha política la caricatura trata de centrar en una persona la idea u orientación política que quiere combatir, y al distorsionarla logra su impacto. Ello con el fin de ser entendida por todo el mundo.

Lo anterior, explica, puede hacerse de varias maneras. Por ejemplo, creando un tipo de persona que simbolice al burgués, al capitalista o al Tío Sam, que son representaciones caricaturescas, y erigiendo en figuras típicas a los políticos y dirigentes de tendencias enemigas.

A estos últimos ataca y zahiere "el dibujante satírico" exagerando todas las peculiaridades que simbolicen las ideas atacadas. Las caricaturas destacan en esta exageración -continúa Dovifat- de manera bien visible y gráfica las consignas, las acercan al público más amplio, y a menudo crean tipos "eternos" y difíciles de olvidar puesto que "calan muy hondo".

El tratadista alemán señalaba en 1960 que muchos de los tipos de caricaturas, creados en las grandes religiones, seguían utilizándose todavía y que eran señales e indicios de discordia "en todos los tiempos agitados y de transición".

Por último, explicaba que en épocas tranquilas la combatividad y "malignidad" de la caricatura decrecían, pero seguía en pie su misión de propaganda. "Siempre tendrá acogida en el periódico por su fuerza, la eficacia de su sátira... y su capacidad de realzar un ideal."

Olga Dragnic (1994: 40) considera que la caricatura es un dibujo que, mediante trazos exagerados, destaca ciertos rasgos o características de una persona, acontecimiento, cosa o animal. Tiene siempre una intención humorística y a menudo se busca transmitir alguna crítica.

Para Carlos Fonseca (En Durán, 1990: 124) la caricatura es una caja de resonancia que trata de señalar las injusticias sociales. Añade que es una especie de colirio que trata de abrirle los ojos a los gobernantes, "lo que pasa es que ellos tienen cáncer en los ojos y eso no se cura".

Carlos Galindo (Sancho) (En Durán, 1990: 121) dice que la caricatura debería estar definida dentro del objetivo fundamental que persigue, vale decir, si es de humor, tiene que hacer reír; si es una caricatura de opinión, tiene que poner a meditar a la gente, y "si logra todas esas cosas al mismo tiempo, entonces es una excelente caricatura".

A juicio de Juan Gargurevich (1982: 192) la caricatura es una categoría independiente de gran desarrollo en el periodismo, a la cual hay que ubicar dentro de los géneros gráficos del periodismo, y que requiere de especialistas de talento.

Martin Grotjahn (En Mogollón y Mosquera, 1983: 28) se extiende en su explicación. Para él, la caricatura es una variante de lo cómico, cuyo objetivo es el "desenmascaramiento" y degradación de una persona investida de autoridad o fama.

Agrega que uno de los métodos predilectos de este género es el excesivo énfasis dado a una característica, haciéndola tan prominente que no pueda pasar inadvertida.

Asegura Grotjahn que el caricaturista suele sentir muy agudamente esa tendencia agresiva. Además de exagerar los detalles para degradar, explica, intenta adquirir poder sobre la víctima de su agresión, por métodos "antiguos, abandonados o infantiles".

El tratadista Roman Gubern (1987: 215) considera que la caricatura es la imagen "connotada por antonomasia", cuya distorsión expresiva está ya en las elaboraciones de los sueños y en los lapsus del lenguaje, como demostró Freud.

Para Earle Herrera (1997: 131) la caricatura es sinónimo de opinar y puede ser definida como la expresión pública de la visión particular que el caricaturista tiene o se hace de personas y hechos. Añade que no siempre tiene como fin ridiculizar.

En opinión de Eneko las Heras (En Durán, 1990: 122) en vez de definir a la caricatura, habría que "desdefinirla" y añade que en este género lo más importante es la libertad, en el sentido de no definirla.

Guillermo Meneses (En Mogollón y Mosquera, 1983: 17) también es concreto. Dice que una caricatura es la expresión gráfica de la falta de respeto a todo y a todos.

Desde su perspectiva docente, Manuel Isidro Molina (En Mogollón y Mosquera, 1983: 17) indica que este género es una expresión humana y un esfuerzo intelectual que manifiesta la opinión e ideología del autor.

Humberto Muñoz (En Mogollón y Mosquera, 1983: 17), con experiencia práctica en el género, lo define como una realidad que está escondida dentro de las personas y las cosas, y solamente a través de los trazos del caricaturista se puede apreciar.

A su juicio, la caricatura puede tener diversidad de divisiones: personal o retratista, sólo de rasgos; satírica, política, social, y la caricatura que llamamos de "humor por humor", que crea una situación sólo para hacer reír.

A Abilio Padrón (En Durán, 1990: 123), según vimos, no le gusta el término caricatura porque se presta a confusión ya que se emplea para indicar que "se dibujan caras" pero también para denominar a los dibujos animados de la televisión.

Por esa razón, este caricaturista prefiere el término "dibujo satírico", que, según él, es un recurso expresivo que además de utilizar la sátira y la ironía, puede emplear o no la caricatura.

Para el político Paciano Padrón (En Durán, 1990: 124) tal vez no haya nada más serio que una caricatura, ya que si bien es la exageración humorística de un hecho, idea o personaje, lleva en su esencia a los mismos.

Agrega que las caricaturas, a pesar de exagerar y "de alguna manera deformar las realidades", son un excelente vehículo para describir hechos e interpretar situaciones.

Joaquín Pardo (En Durán, 1990: 121) sostiene que una caricatura es una idea que impacta, bien por el dibujo o bien por el texto, que debe llegar tanto al obrero como al intelectual y además hacerlos reír. "La caricatura -agrega- ayuda al lector a profundizar en los acontecimientos de una manera gráfica y veloz".

Pastecca (En Durán, 1990: 10) asegura que la caricatura es lo que el dibujante piensa sobre un personaje, es decir, su opinión sobre éste. Una vez hecho, el dibujo hace pensar a los demás.

La definición de Manuel Pérez Vila (1979: 5-6) repite algunas de las ideas expuestas por otros autores pero también incorpora elementos nuevos. La caricatura, dice, es esencialmente una de las formas de sátira, es decir, una manera de desenmascarar, criticar o atacar a una persona, familia, partido, clase social, institución, gobierno, situación, nación o etnia, destacando por lo común sus aspectos negativos o ridículos.

La caricatura, añade, es una sátira que se expresa fundamentalmente a través de una representación gráfica, casi siempre acompañada por una leyenda escrita o por uno o varios "globos", "fumetos" o inscripciones.

A veces -aclara Pérez Vila-, predomina el elemento gráfico hasta el punto de no necesitar el complemento de la palabra para alcanzar su propósito. En su opinión éstas son las mejores caricaturas y, por esta razón, piensa que debe resultar difícil lograrlas, y son más bien escasas.

Revista Latina de Comunicación Social

La Laguna (Tenerife) - diciembre 2001 - año 4º - número 45

D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 – 5820

http://www.ull.es/publicaciones/latina

Periodismo Iconográfico (X)

Clasificaciones sobre la caricatura (y2)

Dr. Carlos Abreu Sojo ©

Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna. Profesor Titular de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de

Venezuela.

caas2001@cantv.net

RESUMEN: De acuerdo con el autor, la caricatura puede dividirse de conforme a su finalidad y según el medio técnico empleado. En esta entrega, décima

de la serie sobre Periodismo Iconográfico, el doctor Abreu continúa desglosando estas dos grandes categorías y, en este sentido, hace referencia a la

caricatura política, costumbrista y de ilustración. Igualmente, a la caricatura impresa, fotográfica, escultórica, y radiofónica, entre otras.

PALABRAS CLAVES: Caricatura, clasificaciones

En nuestra última entrega hicimos referencia a la caricatura política y a la caricatura personal, que forman parte de nuestra clasificación sobre el género

desde la perspectiva de su finalidad. Dentro de esta categoría hay que incluir, además, la caricatura política, costumbrista y de ilustración.

Asimismo, el género puede clasificarse de acuerdo con el medio técnico empleado en caricatura impresa, fotográfica, escultórica y radiofónica, entre otras,

tal y como veremos en este trabajo.

Caricatura Política.- Al ser la caricatura un instrumento de lucha ideológica y crítica social y al proliferar en épocas de crisis, es natural que la temática

política tenga un sitial privilegiado dentro del género.

Herb Block (En Varios, 1979: 119-120) asegura que la caricatura política no es ni una información noticiosa ni un retrato al óleo. En esencia, añade, se trata

de una forma de hacer reír, de aguijonear la pomposidad y de criticar.

Para este caricaturista de The Washington Post, este tipo de caricatura es una irreverente forma de expresión apta para burlarse de los “intocables" y

poderosos. Sostiene que si el papel esencial de una prensa libre es servir como crítica del gobierno, la caricatura debe ser “el filo cortante de ese criticismo".

De por sí, los políticos siempre han sido un ingrediente importante del humor, al punto de que la primera gran figura universal dentro del género fue

Napoleón Bonaparte. (Feaver, 1981: 57)

En naciones como Venezuela, el tema político es un componente fundamental de la sociedad, al punto de que los gobernantes tienen que decidir sobre

cuestiones disímiles y complicadas que abarcan desde el comercio internacional hasta el deporte.

Y ahí, como buena arma de oposición que es -o de oportunismo- entra en juego la caricatura. De hecho, no hay que olvidar que desde sus primeros

tiempos ha sido un arma para combatir el poder. Lo fue primero contra los dioses griegos y egipcios y, posteriormente, contra los políticos que han

encarnado ese poder.

En nuestro caso y en el de otras naciones la cultura, la economía, y hasta la educación giran en torno a la política, razón por la cual no debe extrañar que

proliferen las caricaturas con ese tinte.

En este sentido, es bueno aclarar que la denominación de caricatura política no sólo abarca a personajes o situaciones vinculadas directamente a ese

mundo, sino que también incluye expresiones de la preocupación social de los caricaturistas.

Para decirlo de otra manera, hay caricaturas que entran en esa categoría no sólo por aludir a la actividad política sino por la intención que las anima,

perceptible en no pocos trabajos sobre temas económicos, educacionales o de salud pública. (Torres, 1982: 251-252)

Quizás en razón de lo anterior, una crítica que se le hace a sus autores es que se han olvidado de otras temáticas en las que lo político no esté subyacente.

Empero, los caricaturistas asumen como bandera de defensa que los periódicos muchas veces prefieren una mala caricatura política a una excelente

caricatura realizada en cualquier otra área.

Dentro de la caricatura política ha habido dos grandes corrientes: caricaturas “tremendas" y “caricaturas palaciegas". Las primeras son las de denuncia

valiente, sin concesiones, mientras que las segundas -bautizadas así por el doctor Humberto Cuenca- son sinuosas, adulantes y cortesanas. (Cuenca, 1961:

97)

Al ser la caricatura un instrumento de crítica, las “tremendas" predominan sobre las “palaciegas". No obstante, estas últimas, que ocuparon la primera plana

de los periódicos de Caracas en los días de Cipriano Castro, y en los tres primeros del gobierno de Juan Vicente Gómez (Velásquez, 1981: XVII), todavía

tienen sus cultores.

Por ejemplo, algunos investigadores han encontrado en los trabajos de Humberto Muñoz una posición claramente antiadeca o procopeyana. Esto fue

particularmente notorio en la campaña electoral de 1978 en la que dicho caricaturista presentaba a un Luis Piñerúa empequeñecido, ojeroso e ignorante

frente a un Luis Herrera Campíns triunfante y agigantado. (Mogollón y Mosquera, 1983: 376)

Caricatura costumbrista.- Es aquella que refleja la vida cotidiana de las personas, sus hábitos, oficios, profesiones, modas, defectos, valores y, en general,

su forma de vida. Evora Tamayo la define como aquella que recoge las expresiones propias de un país, región, grupo étnico, “típicos en un momento típico

también". (Tamayo, 1988: 11). De esta manera, este tipo de caricatura muestra escenas de vendedores ambulantes, puestos de venta, chicheros, incidentes

callejeros, salas de espera de consultorios médicos, compras en el mercado, etc.

Aun cuando su función principal no es documental, como en el dibujo realista o en la fotografía, la arquitectura de las ciudades, y las modas, entre otras

cosas, pueden ser analizadas en sus detalles y en sus cambios al observar detenidamente la obra de los especialistas en esta modalidad.

Del mismo modo, las creencias, las supersticiones y las expresiones tradicionales del folklore venezolano se encuentran plasmadas en las caricaturas

costumbristas así como los diferentes ritmos musicales y el devenir de los medios de transporte. (Torres, 1982: 180-186).

Caricatura de ilustración.- En este caso, en lugar de ir dentro de un cartón o viñeta, la caricatura se utiliza como complemento del texto ya sea éste un

trabajo informativo o bien un artículo, crónica o editorial.

Eduardo Robles Piquer llama a estas imágenes “monos" y dice que caricaturizan un hecho o situación, comentando o condenando las noticias del día,

asuntos políticos o económicos, y maneras o costumbres:

Son dibujos “cómicos" o chistes que provocan la risa, o utilizan la sátira en plan moralizador o con intenciones de educar a corregir.

Pocas veces, son, sin embargo, vehículos de humor. (En Esteva-Grillet, 1992: 79)

A pesar de su función ilustradora de textos, desde hace algunos años --especialmente desde comienzos de esta década-- este tipo de caricatura ha ido más

allá de sólo ocupar un espacio con fines estéticos o de ser un simple adorno. En este sentido, no se ha limitado a “visualizar" lo que se dice en el texto.

Al contrario, en ocasiones, en lugar de encontrar los motivos de sus obras en el titular, sumario o encabezamiento de un texto, el autor plasma en la

caricatura sus conceptos y proposiciones respecto a ese escrito.

De manera que, sin perder su papel de ilustrador del texto, en este caso la caricatura conjuga lo técnico con lo comunicacional y no se limita a un simple

acompañamiento visual. En este orden de ideas cabe destacar la labor realizada por Economía Hoy y, en menor medida, por El Nacional, El Diario de

Caracas y El Globo. (Sánchez, 1994: 150-151)

Es oportuno señalar que, al contrario de la caricatura editorial, la cual es fundamentalmente política --en el sentido más amplio del término--, la caricatura de

ilustración suele tratar, además de esa temática, otras áreas. En deportes, por ejemplo, es frecuente su uso. Por lo demás, la caricatura de ilustración puede

emplearse en cualquier género del periodismo escrito.

Al margen de la especialización en que se emplee, no suele llevar título propio, ni tampoco leyendas, globos o fumetos. De allí que aún en los casos en los

que el caricaturista hace alguna propuesta personal más allá de lo que se dice en el texto, su función fundamental sigue siendo la de ilustrar.

Según el medio técnico empleado

Caricatura impresa.- Es la modalidad más conocida y, según hemos visto, se utiliza desde hace siglos. Diarios, semanarios, magazines y revistas ilustran

sus trabajos con caricaturas, o las emplean como parte esencial del mensaje, muchas veces con propósitos editoriales.

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Abreu Sojo, Carlos, 2001: Periodismo ... (X).

http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina45diciembre/4506abreu.htm

Las hay desde las más simples y sencillas, elaboradas con unos pocos trazos, hasta las más plásticas y creativas, donde a veces se emplea hasta el color.

Esto no debe extrañar, ya que ello forma parte del estilo de cada caricaturista.

De manera que así como hay periodistas, articulistas, cronistas o editorialistas que difieren en la manera de decir las cosas, también existen muchas veces

notables diferencias entre un caricaturista y otro.

Esto, de alguna manera, explica por qué, por ejemplo, algunos tratan de suprimir el texto o reducirlo a su mínima expresión. Asimismo, en virtud del estilo de

cada autor uno logra entender cómo puede haber diferencias a veces abismales en la manera de presentar una persona, situación o cosa, entre uno y otro.

Por supuesto que en esta situación también entra en juego la formación del caricaturista, su calidad profesional y hasta la ideología. Pero ponga usted a dos

artistas con estudios o experiencia similar, de reconocida trayectoria, y con maneras similares de ver el mundo, y aún así advertirá diferencias en los trazos,

en los personajes, en el uso de los vocablos, en fin, en el estilo.

Huelga señalar que en las demás modalidades de caricaturas según el medio técnico empleado también se advierten diferencias estilísticas entre cada

autor.

Caricatura Fotográfica.- Aun cuando se publica en medios impresos, su estudio amerita una clasificación aparte. Es aquella realizada gracias al uso de

recursos técnicos fotográficos.

También se considera una modalidad dentro de la misma aquella que emplea objetos diversos como libros, lentes, metras, tela, guantes, brochas, grifos, y

cualquier otro material que la imaginación del autor escoja para representar a un personaje. En otra parte de este trabajo la estudiamos con más

detenimiento.

La caricatura fotográfica no debe confundirse con la inclusión de fotos en una caricatura. En este caso, se combina el uso de las mismas con los trazos de la

imagen pero a la hora de sopesar el conjunto, estos últimos llevan el mayor peso del trabajo. En nuestro país, Carlos Fonseca ha utilizado mucho las fotos

en sus caricaturas.

Tampoco puede considerarse caricatura una foto con tinte irónico, como ocurrió en el Primer Concurso “El humor como arma de la lucha ideológica". En ese

evento, el cubano Luis García González concursó con una fotomancheta

[1]

(1) en la que se observa a una vietnamita apuntando a un norteamericano en

una foto intitulada “¡Cómo cambian los tiempos!".

Caricatura escultórica.- Aun cuando ya hemos hecho referencia a ésta como una modalidad de la caricatura fotográfica, algunos autores hablan de ella

como una categoría independiente. El famoso Daumier fue quizás el primero en utilizarlas, aunque un contemporáneo suyo, Jean-Pierre Edouard Dantan

también las empleó.

Las pequeñas caricaturas escultóricas de Dantan fueron exhibidas en el pasaje Panoramas en Francia y atrajeron considerablemente la atención del

público, al punto de que fueron copiadas ampliamente en bastones, paraguas, máscaras y toda clase de artefactos.

Esos trabajos tenían solamente nueve pulgadas de alto y caricaturizaron a celebridades tales como Strauss, Listz, Paganini, Balzac, Dumas y muchos

actores de la comedia francesa. Al igual que Daumier, Dantan tuvo gran influencia en la caricatura de la década de los 30 del siglo XIX. (Feaver, 1981: 72)

Respecto del mundo contemporáneo, no se puede dejar de mencionar el trabajo de Peter Fluck, cuyas caricaturas escultóricas políticas de tres dimensiones

tuvieron resonancia en los Estados Unidos durante los años 70 y 80 y llegaron a aparecer en portadas de The New York Times Magazine. (Feaver, 1981:

231)

En Venezuela, se presentaron “esculto-caricaturas" en el Primer Salón de Humoristas, en 1919. (Torres: 155). Posteriormente, en el Segundo Salón, en

1931, ALFA presentó caricaturas de personajes famosos realizadas con frutas o piezas de vajilla.

Así, por ejemplo, el cellista Roldán fue representado por medio de una jara, el doctor Gil Fortoul por un coco, y un aguacate sirvió para caricaturizar al padre

Lovera. (Torres: 159) Cinco años antes, la revista Caricaturas había publicado algunas logradas a base de frutas, utensilios y herramientas. (Mogollón y

Mosquera, 1983: 96)

Menos lejano en el tiempo, Eduardo Robles Piquer (RAS) realizó una exposición de caricaturas en esmalte sobre hierro en la Galería Mendoza en 1963

(Torres, 1982: 407) y El Diario de Caracas dio cabida a la modalidad en varias ocasiones.

Caricaturas radiofónica y televisivas.- Considerado uno de los géneros más difíciles del radioperiodismo, utiliza la palabra como vehículo de opinión para

“pintar" los rasgos de algún personaje. En la década de los 40, Rafael Guinand hacía eso utilizando el recurso de una conversación telefónica fingida.

Esa caricatura radiofónica finalizaba con una estrofa de cuatro versos que cantaba en ritmo de galerón. Esta modalidad forma parte secundaria y ocasional

de algunos programas humorísticos, mas no se emplea en los noticieros radiofónicos. (Cabello, 1978: 169)

El programa de humor básicamente consiste en formular críticas sutiles sobre situaciones sociales, políticas y económicas y sus características son las

siguientes:

Tiene un argumento o trama, que puede ser diferente en cada programa, tener carácter de serie o mantener la misma escena o personajes con

temática variable.

El personaje o los personajes protagónicos aparecen en todos los espacios, aunque cambien las circunstancias. Al igual que en la caricatura de

prensa, cada personaje es estereotipo de una clase social o de una personalidad.

Cada emisión tiene como centro argumental una crítica a algún aspecto económico, político, social o cultural aun cuando puedan formularse otras de

manera accidental o casual. El planteamiento produce hilaridad o tristeza en el público.

La temática suele ser amplia, pese a que se desarrolle sobre un sólo ángulo como, por ejemplo, las peripecias de un desempleado. (Cabello, 1986 :

80)

Estas características referidas a la radio son aplicables también a la televisión, donde, por lo demás, hay la ventaja de que la imagen cumple un papel

importante al momento de caricaturizar a un personaje.

Algunas imitaciones de políticos y personajes-tipo en programas como radiorrochela apuntan hacia el género caricatura aunque es bueno advertir que este

programa es cómico, más vinculado a los chistes que al humor.

En la televisión también hay ejemplos de programas de corte caricaturesco. En Inglaterra, a mediados de los 80, los muñecos del programa Splitting Image

fueron bandera de la protesta satírica contra el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher.

En poco tiempo lograron estar en la cima del rating gracias a la versión que presentaron de los rostros y personalidades de diversos personajes del

acontecer de esa nación.

Tan grande fue su éxito que además de mantenerse durante diez años en el aire el espacio se exportó a varios naciones y empezó ser imitado en otras

plantas de televisión. Así lo hizo, por ejemplo, la Televisión Española que, no obstante, debido a su carácter de canal estatal, se centró en figuras del fútbol.

Mientras, Canal + de Francia sacó al aire otro programa con un humor más verbal que físico, bastante ácido y penetrante. La importancia de este espacio

deriva del hecho de que formaba parte de un noticiero -una experiencia sin parangón en el mundo-, a modo de comentario humorístico de los hechos de

actualidad.

Al extenderse Canal + a España, la empresa gala se arriesgó a competir con sus propios muñecos con la TVE. Tan grande fue su éxito que los títeres

aparecían en diciembre despidiendo el año.

Iniciativas similares ocurrieron en Portugal y Alemania y, finalmente, llegaron a América Latina concretamente a Colombia y a México, donde recibieron,

respectivamente, los nombres de Los reencauchados y Hechos en peluche.

A partir de abril del año pasado, Radio Caracas sacó al aire el programa “Muñecotes", en segmentos independientes de 10 minutos de duración, antes de la

novela estelar.

Los personajes eran auténticas réplicas -por supuesto, con sus rasgos acentuados- de conocidas personalidades de la vida nacional. El reparto incluía a

Hugo Chávez, Irene Sáez, Henrique Salas Römer, Eduardo Fernández, Claudio Fermín y Carlos Andrés Pérez.

Cada uno de los muñecos costaba casi 10 mil dólares y requería el manejo de uno dos titiriteros. Eran fabricados en Colombia, hechos primero en arcilla, de

la que se formaba un molde de fibra en vidrio sobre el cual se vaciaba una mezcla de látex, y varios productos químicos que les daban resistencia y

maleabilidad.

Posteriormente, el muñeco era sometido a cocción mientras se corregían sus defectos y adquiría su forma definitiva. Al final se colocaban el cabello, las

cejas, las pestañas, y se maquillaba como a un ser humano.(Osio, 1998: El Nacional, B-Última) De más está decir que recursos como la burla y la ironía

rodeaban sus performances.

Otras clasificaciones.- Existen otras modalidades de caricatura. Una de ellas son las caricaturas escritas llamadas también textos caricaturescos. Por medio

de la palabra describen a las personas en términos burlescos e incisivos.

Las caricaturas escritas se utilizaron en el siglo pasado tanto en Caracas como en el interior. (Torres, 1982: 28, 138) No deben confundirse con las

caricaturas elaboradas a base de palabras.

En estas últimas, el resultado sigue siendo un dibujo, sólo que sus contornos o trazos son elaborados con letras. Paul Flora, quien laboró para publicaciones

alemanas y austriacas durante los años 60 y 70 de esta centuria, es quizás su más notable representante.

En nuestro país, Pedro León Zapata ha incluido dentro de las viñetas o recuadros de sus acostumbradas caricaturas mensajes elaborados con base en

palabras y acompañados de algunas orlas u otros adornos. No obstante, a diferencia de Flora, las palabras no delinean figuras o contornos.

Otra categoría la constituyen las caricaturas fononímicas las cuales realizan quienes tradicionalmente han sido llamados “imitadores" (Torres, 1982: 20)

Finalmente, en la Cátedra del Humor de la UCV se ha hecho referencia a las caricaturas musicales, las cuales parten del mismo principio de las escritas

pero además llevan partitura. No conocemos ningún ejemplo que permita ilustrar mejor sus características.

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Abreu Sojo, Carlos, 2001: Periodismo ... (X).

http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina45diciembre/4506abreu.htm

REFERENCIAS

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CABELLO, Julio (1986). La radio: Su lenguaje, géneros y formatos. Editorial Torre de Babel. Caracas, Venezuela

DE JUAN, Adelaida (1982). Caricatura de la República. Editorial Letras Cubanas. Colección Panorama. Ciudad de La Habana

ESTEVA-GRILLET, Roldán (1992). El dibujo en Venezuela: Estudio y antología de textos. Fundarte. Alcaldía de Caracas. Venezuela

FEAVER, William (1981). Masters of Caricature. Weindenfeld and Nicolson. London

MOGOLLÓN, Mery y Cira Mosquera (1983). La caricatura política en la campaña electoral venezolana (1973.-

1978). Universidad Central de Venezuela. Facultad

de Humanidades y Educación. Escuela de Comunicación Social. Trabajo de Licenciatura. Venezuela

SÁNCHEZ, Abraham (1994). La ilustración en la prensa venezolana contemporánea. Universidad Central de Venezuela. Facultad de Humanidades y Educación.

Escuela de Comunicación Social. Caracas

TAMAYO, Evora (1988). La caricatura editorial. Editorial Pablo de la Torriente. Temas de Periodismo. Cuba

TORRES, Ildemaro (1982). El humorismo gráfico en Venezuela. Ediciones Maravén. Venezuela

VARIOS (1976). La página editorial de The Washington Post. Ediciones Gernika. México

VELÁSQUEZ, Ramón (sin data). Los liberales amarillos en la caricatura venezolana. Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y Fundación para el rescate del acervo

documental venezolano. Caracas

FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:

Nombre del autor, 2001; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social, número 45, de diciembre de 2001, La Laguna (Tenerife),

en la siguiente dirección telemática (URL):

http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina45

CHILE

CHILE
OJO

EBANO AMERICANO II

EBANO AMERICANO II
Cuando Haití no era tan pobre Por Carlos Salas La historia de Haití está llena de catástrofes. La amenaza de una epidemia porcina acabó en 1978 con su población de cerdos. Desde entonces, el país sobrevivía vendiendo café y mango. Pero a partir de ahora solo le quedan las ayudas humanitarias. Los anales de Haití registran el año de 1978 como uno de los más catastróficos de su historia. Una epidemia saltó del continente africano a la isla de Cuba, donde 460.000 cerdos tuvieron que ser sacrificados. La siguiente en sufrir la epizootia fue la isla de La Hispaniola, donde se ubican dos países: la República Dominicana y Haití. En esta última parte de la isla, se empezaron a ver algunos cerdos negros muertos cerca de las carreteras. Ante el panorama de que los cerdos estuvieran contaminados empezó lo peor. Las autoridades sanitarias haitianas en cooperación con el gobierno de los Estados Unidos ofrecían 30 dólares por cada cerdo negro, vivo o muerto, de modo que los campesinos comenzaron a entregar sus existencias, sin saber realmente si estaban contaminados. En un año se invirtieron 22 millones de dólares y se sacrificaron a 400.000 cerdos, o cochon planche, como los llamaban en francés los haitianos. ¿Por qué tanta prisa? Porque las autoridades sanitarias norteamericanas temían que la epidemia saltase a Estados Unidos y se cargase una industria que movía 10.000 millones de dólares. Según contaba la revista Time entonces, verdaderos escuadrones de la muerte iban recorriendo los campos haitianos para liquidar la población porcina. Pagaban entre 30 o 40 dólares por animal y los ejecutaban sin miramientos, estuvieran contaminados o no. Los cerdos representaban el modo de vida de 800.000 haitianos y se usaban hasta en las ceremonias vudús. Cerdos blancos o 'capitalistas' Para que el mal no fuera tan grave, el gobierno de EEUU envió a la isla cerdos blancos, Hampshires y Yorshires, bautizados como "cerdos capitalistas por la columnista norteamericana Jane Smiley, de The Huffington Post. Claro que estos animales necesitaban tal cantidad de comida, agua y minerales, que, mientras más engordaban, más empobrecían los haitianos. Nada que ver con el viejo y añorado cerdo haitiano, cruce de cerdo español y animal salvaje de la isla. La mezcla, realizada en el siglo XVI, produjo un cerdo que se alimentaba de hierbas salvajes y con ello limpiaba las granjas de malezas, e incluso de pequeños roedores. El cerdo negro haitiano era como una aspiradora que también tragaba gusanos y encima necesitaba menos energía para su manutención. Este animal dejaba como fertilizantes sus purines, ricos en nitrógeno, con lo cual el suelo era más cultivable. Era un cerdo pobre pero útil. En cambio, el cerdo yanqui resultó de costumbres tan capitalistas que empobreció a los campesinos, lo cual les obligó a emigrar a Puerto Príncipe, y convertirla en una ciudad superpoblada. Mango y café Los animales domesticados no eran la única fuente de riqueza de Haití. El mango y el café son sus principales exportaciones, aparte de cierto atractivo turístico para los cruceros que sortean el Caribe. El 60% de la población sigue viviendo de la agricultura, pero la renta per cápita de dos dólares al día, le sitúan como el país más pobre del continente. Paradójicamente, uno de sus barrios más pobres se llama Cité Soleil, (Ciudad del sol), un inmenso basurero adonde no llega ni la luz. Tras el terremoto, los expertos de Naciones Unidas calculan que harán falta diez años para recuperar el nivel que tenía el país antes de que sus casas se vinieran abajo. Eso quiere decir que el país dependerá de las ayudas extranjeras, que ya venía recibiendo antes de la catástrofe. Lo peor es que Haití ocupa uno de los primeros lugares del mundo en la clasificación de corrupción social, lo cual significa que gran parte de esas ayudas no llegarán nunca a su destino.

EBANO AMERICANO

EBANO AMERICANO
Haití En la lengua de los taínos, los primitivos pobladores de las Antillas, la isla que los conquistadores denominaron Hispaniola y, más tarde, Santo Domingo, se llamaba Ayití, que significaba 'tierra de las altas montañas', o también 'la montaña sobre el mar'. En el siglo XVII, cuando los franceses provenientes de la isla Tortuga ocuparon la parte occidental de la Hispaniola, afrancesaron el nombre de Santo Domingo a Saint-Domingue, denominación que quedó consagrada por los tratados de Rickswick (1697) y de Basilea (1795) para designar a la parte occidental de la isla, que en aquella época tenía el sobrenombre de "perla de las Antillas". Haití se llamó así Saint-Domingue hasta su independencia, el 1º de enero de 1804, cuando el líder de la revuelta de los esclavos, Jean-Jacques Dessalines, tras tomar el poder, le reimpuso el nombre taíno, afrancesado a la forma Haïti, con diéresis sobre la i. El mismo día Dessalines, tal vez como un desafío al poder de Napoleón, se proclamó emperador del nuevo país y gobernó como tal hasta 1806, cuando murió asesinado. Haití es hoy el país más pobre de América y uno de los más pobres del mundo. La tragedia que castiga hoy a la isla debe ser oída como un llamado a la solidaridad de todos los hombres y mujeres del mundo.

ELECTRIZANTE..!

ELECTRIZANTE..!
Se necesitan el aporte de todos..!

sábado, 6 de febrero de 2010

Entrevista a William Davis

Sigmund Freud opinaba que el ingenio humorístico no es más que un mecanismo de defensa frente a determinadas situaciones que plantea la vida moderna. Actualmente, otros especialistas consideran que existe una correlación entre la creciente complejidad de la vida del hombre en la sociedad industrial–y las dificultades con que se desarrolla la vida cotidiana– y el despliegue de un humor ácido, sarcástico, punzante. Sea como fuere, el hecho es que el humor constituye una forma de afrontar determinados problemas cotidianos, un mecanismo psíquico que en unas ocasiones denota irritación y agresividad y en otras actitud defensiva, aunque a veces puede reducirse a un simple pasatiempo.
Acerca del tema del humorismo, iniciamos nuestra entrevista con el periodista William Davis, director de la revista británica Punch, una de las publicaciones más agudas e ingeniosas de nuestra época.
¿Cómo definiría el humorismo?
Es algo más fácil de entender que de definir. En su raíz, supongo que su propósito es justificar al "yo" provocando u observando la degradación de los demás. Naturalmente es más fácil reírse de los demás que de uno mismo. Podría decirse que el humor es la sensación que hace que te rías de aquello que te irritaría si te sucediera a ti. Pero hay formas muy distintas de humor. Algunas se difunden bien: los chistes sobre suegras surgen, por ejemplo, en todo el mundo, y las payasadas se aprecian en todas partes. Otras sólo se entienden en un ámbito local, por depender de un conocimiento cercano de figuras públicas, de características nacionales o de un determinado modo de vida. E1 humor es la capacidad de reconocer lo que es pretensión, pomposidad, absurdo, pero también puede ser algo muy cruel:massacres, mutilaciones, tormentos y torturas han sido considerados en varias ocasiones objeto humorístico.
La existencia de un humorismo político en el sentido de critica a la gestión política es un hecho. ¿Cree que en alguna ocasión la critica humorística puede influir sobre la política?
Desde luego que si. El humor puede derrocar a políticos o al menos reducir su prestigio poniéndoles en ridículo. También puede evidenciar el carácter hipócrita de ciertos argumentos, y por ello más de un Gobierno teme a la critica humorística. Winston Churchill era un maestro en el arte de atacar a sus adversarios burlándose de ellos y en poner fin a una situación tensa con una observación divertida. Una vez, un miembro de su mismo partido atravesó la sala de la Cámara de los Comunes para sentarse en 1os escaños del partido de la oposición. Era un gesto airado de protesta y podría haber causado su efecto si Churchill no se hubiera levantado gruñendo: "Esta es la primera vez, caballero, que veo un ratón nadar en dirección al barco que se hunde". Harold McMillan, otro primer ministro británico, también sabía desacreditar a los demás. Nikita Kruschov se sacó el zapato en aquella famosa asamblea de las Naciones Unidas y empezó a golpear con él sobre la mesa, McMillan observó muy reposadamente: "Me gustaría que me lo tradujesen". Los delegados soltaron la carcajada, y parte del significado que pudiera haber tenido la acción del dirigente soviético pasó a segundo plano. El presidente de Estados Unidos John F. Kennedy poseía un ingenio espontáneo, con el que a menudo cortaba la retórica del adversario.
Las revistas humorísticas como Punch siempre se han ocupado de lo político, porque el humorismo, usado correctamente, es un arma más poderosa que la ira. Estoy hablando, claro está, de esa rama del humorismo que es la sátira, que no tiene por qué ser precisamente graciosa, en el sentido que lo es un chiste de comedia. La práctica tan común de conectar el humorismo a la risa no solamente es irritante, sino, además, absolutamente errónea. Jonathan Swift, uno de 1os mayores satíricos británicos, era u hombre que rara vez reía. Tenía, según afirma Samuel Johnson, "un semblante agrio y severo", que casi nunca se correlacionaba con un aspecto animado; "La simple diversión decía, es la felicidad de 1os que no pueden pensar". George OrweU también ha sido otro escritor que utilizaba la sátira con efecto fatalista: resulta difícil pensar en obras satíricas más devastadoras que 1984 ó Animal Farm.
¿En qué se diferenciaría el humor británico de otros, como el español y el francés, por ejemplo?
No creo que el humorismo pueda clasificarse por compartimentos nacionales. Es algo muy personal. Podemos incluso encontrar notables variaciones regionales dentro de un país concreto: a 1os italianos de la península les gusta hacer chistes sobre los sicilianos (y viceversa); a las gentes del sur de Francia les encanta contar chistes de los parisienses, y por experiencia propia sé que los habitantes de Georgia, en la Unión Soviética, inventan infinidad de chistes sobre Moscú. Uno se atrevería a decir que 1os británicos son aficionados a la modestia, de lo cual se encuentran muchos ejemplos en la literatura del país. Pero la popularidad de ciertos programas de televisión permite sugerir que, como pueblo, sentimos más afición que nadie por el humor vulgar y poco sutil.
Siempre habrá unas áreas que son terreno común. El amor, por ejemplo, ha producido más chistes que cualquier otro tema. Los franceses y 1os italianos parecen encontrar su mejor motivo de diversión en un tema particular: las esposas infieles. A los británicos–por alguna razón será– les gusta haces chistes sobre la "luna de miel". En una ocasión Sigmund Freud sostenía que contar chistes eróticos equivalía a una tentativa de seducción. Opinaba que, originariamente, las historietas de ese tipo iban dirigidas a mujeres más que a hombres, siendo su finalidad la de excitarlas. Realmente es más fácil, incluso ahora, contar un chiste atrevido en compañía de francesas que en una cena británica. Por desgracia, la sofisticación es, comparativamente, poco común: la mayoría de 1os chistes pretendidamente eróticos (en Japón se les llama chistes "rosas") son increíblemente groseros. Los alemanes, por su parte, parecen tener especial afición a un tipo de chistes que no dejan resquicio alguno a la imaginación.
En Punch, nuestros artículos más afortunados han sido 1os que se basaban en la observación de hechos reales. Malcolm Muggeridge, uno de mis predecesores en la tarea de dirección editorial, solía decir que el mundo está tan saturado de absurdo que al humorista le resulta difícil competir. Estoy de acuerdo con lo de la saturación, pero, ¿qué necesidad hay de competir?, ¿por qué no anotar lo que sucede? Con la experiencia de 1os veinte años que llevo trabajando en el periodismo, antes de entrar en Punch, creo firmemente que hay que dejar hablar a las cosas por sí mismas. Exagerar un poco es bueno a veces, pero lo importante es extraer el humor básicamente de la comedia cotidiana que nos rodea.
¿En qué época puede situarse el nacimiento de la caricatura como instrumento del humorismo?
Cuando los hombres de las cavernas empezaron a dibujar por primera vez aquellas toscas representaciones de animales y gente. Nos encontramos con caricaturas en las tumbas egipcias de Luxor y en las ruinas de algunas casas romanas de Pompeya. Ciertamente, el dibujo humorístico no es ningún invento moderno.
A 1os caricaturistas actuales les gusta citar como anécdota la reacción que tuvo un político neoyorquino llamado Tweed cuando, en 1870, un miembro de su comunidad montó una implacable campaña de gráficos contra él. "No me importa lo que se escriba de mí –dijo–. La mayoría de mis electores tampoco saben leer. !Pero esos condenados dibujos!" No cabe duda de que "esos condenados dibujos" justamente han causado daño a muchos políticos. Permanecen grabados en la mente más tiempo que las palabras. Es frecuente argüir que el dibujo de humor político, como otras cosas, no es ya lo que era. Normalmente se hacen comparaciones con Gillray, Hogarth y Cruikshank –artistas cuya virulenta sátira se basaba a menudo en una profunda aversión hacia sus víctimas–, los cuales impresionan a(m hoy, aparte de que su arte como dibujantes era en general magnifico. En Gran Bretaña se dice que dibujantes como Ralph Steadman y Gerald Scarfe son 1os sucesores naturales de Gillray y Cruikshank. Sin embargo, no podemos olvidar que acaso las causas no sean hoy tan obvias como lo fueran entonces, dado que hay menos pobreza e injusticia. O es posible que, a diferencia de sus predecesores, los dibujantes de ahora han de competir con la televisión, la radio, el cine y la fotografía sofisticada. Los horrores de la guerra, el hambre y la muerte son llevados a 1os hogares cada noche. Por ello, ya no es suficiente dibujar ciudades devastadas y niños hambrientos; el dibujante ha de añadir un comentario adicional, una dimensión más. Todos estamos en contra de la guerra y el hambre, incluso 108 generales del Pentágono, y no necesitamos dibujantes que nos lo hagan comprender.
Muchos políticos aseguran no inmutarse ni afectarse por la labor de 1os dibujantes y caricaturistas. La experiencia más desconcertante para un dibujante sea acaso haberse encontrado con que la víctima de un ataque devastador le pida el original, e incluso que pague por él, cuando se supone que en tales casos uno ha de acudir a toda prisa al abogado en vez de blandir el talonario de cheques. Por desgracia, cosas así suceden con más frecuencia de lo que pueda pensarse. Son tiempos en que ni un dibujante político puede triunfar.
Mark Twain dijo una vez que "el secreto de la risa no es la alegría, sino la tristeza". ¿Está usted de acuerdo?
Absolutamente. En ocasiones el humor más sutil ha provenido de las minorías oprimidas, que se han valido de él para hacer más soportables sus pobres vidas. La gente que sufre o que ha sufrido suele tener un mayor talento para reírse de si misma y de lo que le rodea. El humor es como un antídoto.
El humor judío es precisamente famoso por su benévola comprensión de lo que el hombre tiene de absurdo. Hay mucha perspectiva y gracia en la historia del pobre judío que alzaba sus brazos al cielo exclamando: "Señor, tú que ayudas a tantos extraños, ¿por qué no a mi?" El humor negro, en gran parte, entra dentro de esta categoría. Cuando visité por segunda vez la Unión Soviética, hace unos años, me quedé impresionado por 1os muchos chistes que circulan contra el régimen político. Recuerdo, por ejemplo, que el Kremlin estaba llevando a cabo una campaña contra las propinas, a las que consideraba "un insulto a la dignidad del trabajador". Durante unas semanas hubo gente en Moscú que iba diciendo: "¿Puedo insultarle?", y advirtiendo a 1os turistas que "cualquier humillación monetaria seria bien recibida".
¿Cree que el humorismo es un factor importante para el progreso social, en tanto que instrumento de crítica?
Ciertamente lo puede ser, si hace que la gente se entere de los defectos de la sociedad a la que pertenece. Pero para asegurar resultados tiene que estar basado en algo más que en simples vulgaridades. Uno debe cumplir con su deber. Cuando mejor opera la sátira es cuando se basa en la verdad.
El humorismo puede acabar con los prejuicios y desenmascarar la autosuficiencia, pero tiene muchos otros usos. Ya he mencionado alguno- de los chistes que oí en Moscú. Me recordaban mucho el humor clandestino de la época de la guerra. Los chistes y las bromas de la Alemania nazi, por ejemplo, eran muy elaborados y, en general, de tono amargo. Ciertamente no conseguirían un lugar en el repertorio de chistes de los comediantes más aplaudidos hoy en televisión, pero no se pretendía que fueran precisamente graciosos: eran expresiones de desafío. A este mismo nivel se encuentra también el tipo de chistes que se oyen hoy en Israel. Son muy diferentes del humor judío tradicional: agresivos y fanfarrones, y no defensivos, cálidos o autodesaprobantes. El humor israelí se usa para reforzar la moral de la población y desmoralizar al enemigo. Algo parecido sucedía en Gran Bretaña durante la 1I Guerra Mundial.
El Gobierno tenía um departamento de "guerra psicológica" que, entre otras cosas, inventaba chistes sobre Hitler y 1os soldados alemanes. No hace mucho, sugerí a um antiguo oficial de la CIA, en Washington, que deberían desechar su sistema convencional de espionaje I y remplazarlo por um "departamento de chistes", dedicando el tiempo a inventar este tipo de anécdotas tan populares en 1os países satélites de la Unión Soviética, y enviar a sus agentes para difundirlos. La policía estaría tan ocupada en la búsqueda de máquinas de fotografiar y aparatos de radio (radiorreceptores), que el arma real –un libro de chistes– pasarla inadvertida. Por desgracia, la CIA no tuvo el buen acuerdo de actuar según mis sugerencias. Este es el problema de 1os estadounidenses: no se toman en serio su humor.
¿Cua1es han sido, en su opinión, los humoristas más destacados en la historia de la humanidad?
Es difícil de contestar. En una reciente visita a Japón di por primera vez con un maravilloso libro de humor oriental, y quedé encantado por el ingenio y la perspicacia de los chinos, cuyo humorismo se remonta muchos siglos atrás. Estoy seguro de que um sinnúmero de esos humoristas no tienen la reputación internacional que merecen por dificultades del idioma. Cuando era un muchacho fui durante un tiempo a la escuela en Alemania y me aficioné a escritores como Wilhelm Busch y Eric Kaestner, apenas conocidos fuera de sus fronteras. También he encontrado en la India excelentes obras humorísticas. Hay que reconocer que cualquier clasificación de humoristas sería el resultado de un criterio muy subjetivo. Entre los autores de lengua ingles?, obviamente debemos mencionar a los satíricos Swift y Orwell, mientras que escritores como Bernard Shaw, Oscar Wilde y Chesterton han sido justamente famosos por s ingenio. A Mark Twain lo debemos tener también en muy buen concepto, y hay motivos para afirmar que el mayor humorista de todos 1os tiempos ha sido William Shakespeare.
¿El humorismo es un privilegio de las élites ilustradas y las clases dominantes?
Claro que no. Es verdad que mucho humor del que encontramos en obras literarias es leído por lo que se denomina una "élite", y que muchos de 1os chistes que solían verse en revistas como Punch hace cincuenta o sesenta años estaban dirigidos hacia la ignorancia de las clases trabajadoras. Pero la clase obrera británica tiene un sentido del humor muy desarrollado y con mis viajes me he convencido de que otro tanto sucede en diversos países. Por experiencia sé que las clases trabajadoras entienden y aprecian el humor mucho más que los que gustan llamarse a si mismos "clase media". La gente de la clase media, especialmente en países como estados Unidos, quiere humoristas que la diviertan y tranquilicen, y que no le hagan tomar parte en la gran fábrica que es la sociedad. Quieren reírse de 1os demás, no de si mismos, y suelen irritarse si uno intenta tomarse a broma las cosas en las que ellos creen. Esto sucede en la sociedad estadounidense.
¿Humorismo y tradición son dos elementos contrapuestos?
El humorista se burla de la tradición, de modo que la respuesta a su pregunta supongo que ha de ser si. Para nosotros, la familia real y la Cámara de los Lores han sido durante años un blanco habitual y fácil. Pero ya supongo que se me dirá que, en def1nitiva, esto constituye una tradición.
¿Cuáles son los sistemas políticos que suelen ser más adversos al desarrollo del sentido del humor?
En todo país se acepta que hay un humor esencial para sobrevivir, y realmente nadie se opone a los inofensivos chistes sobre suegras o maridos celosos. Pero no cabe duda de que en los países comunistas, y en cualquier régimen dictatorial, por lo general, se recela del humor político. Saben que su sistema tiende a provocar actitudes a menudo contradictorias y absurdas, y se dan cuenta de lo efectivo que puede ser el humorismo a la hora de delatar esto. La capacidad y la buena voluntad para tolerar el humorismo es una señal de conf1anza en si mismo, y las naciones que tienen confianza en su sistema siempre son más tolerantes que las que no tienen esta conf1anza.
Un hombre que supo entender muy bien el poder del humorismo fue el presidente Gamal Abdel Nasser, de Egipto. En El Cairo, poco después de su muerte, me contaba uno de sus colaboradores que aquél había contratado a un individuo cuyo trabajo, a plena dedicación, consistía en informarle de los últimos chistes sobre su gobierno. Nasser consideraba que sabiendo de qué se reía la gente podía conocer sus puntos vulnerables. Y estoy seguro de que tenía razón.
(AAVV, El Humorismo, Salvat, Barcelona, 1973, p. 8-17; 82-89)

viernes, 5 de febrero de 2010

Entrevista a William Davis

Sigmund Freud opinaba que el ingenio humorístico no es más que un mecanismo de defensa frente a determinadas situaciones que plantea la vida moderna. Actualmente, otros especialistas consideran que existe una correlación entre la creciente complejidad de la vida del hombre en la sociedad industrial–y las dificultades con que se desarrolla la vida cotidiana– y el despliegue de un humor ácido, sarcástico, punzante. Sea como fuere, el hecho es que el humor constituye una forma de afrontar determinados problemas cotidianos, un mecanismo psíquico que en unas ocasiones denota irritación y agresividad y en otras actitud defensiva, aunque a veces puede reducirse a un simple pasatiempo.

Acerca del tema del humorismo, iniciamos nuestra entrevista con el periodista William Davis, director de la revista británica Punch, una de las publicaciones más agudas e ingeniosas de nuestra época.

¿Cómo definiría el humorismo?

Es algo más fácil de entender que de definir. En su raíz, supongo que su propósito es justificar al "yo" provocando u observando la degradación de los demás. Naturalmente es más fácil reírse de los demás que de uno mismo. Podría decirse que el humor es la sensación que hace que te rías de aquello que te irritaría si te sucediera a ti. Pero hay formas muy distintas de humor. Algunas se difunden bien: los chistes sobre suegras surgen, por ejemplo, en todo el mundo, y las payasadas se aprecian en todas partes. Otras sólo se entienden en un ámbito local, por depender de un conocimiento cercano de figuras públicas, de características nacionales o de un determinado modo de vida. E1 humor es la capacidad de reconocer lo que es pretensión, pomposidad, absurdo, pero también puede ser algo muy cruel: massacres, mutilaciones, tormentos y torturas han sido considerados en varias ocasiones objeto humorístico.

La existencia de un humorismo político en el sentido de critica a la gestión política es un hecho. ¿Cree que en alguna ocasión la critica humorística puede influir sobre la política?

Desde luego que si. El humor puede derrocar a políticos o al menos reducir su prestigio poniéndoles en ridículo. También puede evidenciar el carácter hipócrita de ciertos argumentos, y por ello más de un Gobierno teme a la critica humorística. Winston Churchill era un maestro en el arte de atacar a sus adversarios burlándose de ellos y en poner fin a una situación tensa con una observación divertida. Una vez, un miembro de su mismo partido atravesó la sala de la Cámara de los Comunes para sentarse en 1os escaños del partido de la oposición. Era un gesto airado de protesta y podría haber causado su efecto si Churchill no se hubiera levantado gruñendo: "Esta es la primera vez, caballero, que veo un ratón nadar en dirección al barco que se hunde". Harold McMillan, otro primer ministro británico, también sabía desacreditar a los demás. Nikita Kruschov se sacó el zapato en aquella famosa asamblea de las Naciones Unidas y empezó a golpear con él sobre la mesa, McMillan observó muy reposadamente: "Me gustaría que me lo tradujesen". Los delegados soltaron la carcajada, y parte del significado que pudiera haber tenido la acción del dirigente soviético pasó a segundo plano. El presidente de Estados Unidos John F. Kennedy poseía un ingenio espontáneo, con el que a menudo cortaba la retórica del adversario.

Las revistas humorísticas como Punch siempre se han ocupado de lo político, porque el humorismo, usado correctamente, es un arma más poderosa que la ira. Estoy hablando, claro está, de esa rama del humorismo que es la sátira, que no tiene por qué ser precisamente graciosa, en el sentido que lo es un chiste de comedia. La práctica tan común de conectar el humorismo a la risa no solamente es irritante, sino, además, absolutamente errónea. Jonathan Swift, uno de 1os mayores satíricos británicos, era u hombre que rara vez reía. Tenía, según afirma Samuel Johnson, "un semblante agrio y severo", que casi nunca se correlacionaba con un aspecto animado; "La simple diversión decía, es la felicidad de 1os que no pueden pensar". George OrweU también ha sido otro escritor que utilizaba la sátira con efecto fatalista: resulta difícil pensar en obras satíricas más devastadoras que 1984 ó Animal Farm.

¿En qué se diferenciaría el humor británico de otros, como el español y el francés, por ejemplo?

No creo que el humorismo pueda clasificarse por compartimentos nacionales. Es algo muy personal. Podemos incluso encontrar notables variaciones regionales dentro de un país concreto: a 1os italianos de la península les gusta hacer chistes sobre los sicilianos (y viceversa); a las gentes del sur de Francia les encanta contar chistes de los parisienses, y por experiencia propia sé que los habitantes de Georgia, en la Unión Soviética, inventan infinidad de chistes sobre Moscú. Uno se atrevería a decir que 1os británicos son aficionados a la modestia, de lo cual se encuentran muchos ejemplos en la literatura del país. Pero la popularidad de ciertos programas de televisión permite sugerir que, como pueblo, sentimos más afición que nadie por el humor vulgar y poco sutil.

Siempre habrá unas áreas que son terreno común. El amor, por ejemplo, ha producido más chistes que cualquier otro tema. Los franceses y 1os italianos parecen encontrar su mejor motivo de diversión en un tema particular: las esposas infieles. A los británicos–por alguna razón será– les gusta haces chistes sobre la "luna de miel". En una ocasión Sigmund Freud sostenía que contar chistes eróticos equivalía a una tentativa de seducción. Opinaba que, originariamente, las historietas de ese tipo iban dirigidas a mujeres más que a hombres, siendo su finalidad la de excitarlas. Realmente es más fácil, incluso ahora, contar un chiste atrevido en compañía de francesas que en una cena británica. Por desgracia, la sofisticación es, comparativamente, poco común: la mayoría de 1os chistes pretendidamente eróticos (en Japón se les llama chistes "rosas") son increíblemente groseros. Los alemanes, por su parte, parecen tener especial afición a un tipo de chistes que no dejan resquicio alguno a la imaginación.

En Punch, nuestros artículos más afortunados han sido 1os que se basaban en la observación de hechos reales. Malcolm Muggeridge, uno de mis predecesores en la tarea de dirección editorial, solía decir que el mundo está tan saturado de absurdo que al humorista le resulta difícil competir. Estoy de acuerdo con lo de la saturación, pero, ¿qué necesidad hay de competir?, ¿por qué no anotar lo que sucede? Con la experiencia de 1os veinte años que llevo trabajando en el periodismo, antes de entrar en Punch, creo firmemente que hay que dejar hablar a las cosas por sí mismas. Exagerar un poco es bueno a veces, pero lo importante es extraer el humor básicamente de la comedia cotidiana que nos rodea.

¿En qué época puede situarse el nacimiento de la caricatura como instrumento del humorismo?

Cuando los hombres de las cavernas empezaron a dibujar por primera vez aquellas toscas representaciones de animales y gente. Nos encontramos con caricaturas en las tumbas egipcias de Luxor y en las ruinas de algunas casas romanas de Pompeya. Ciertamente, el dibujo humorístico no es ningún invento moderno.

A 1os caricaturistas actuales les gusta citar como anécdota la reacción que tuvo un político neoyorquino llamado Tweed cuando, en 1870, un miembro de su comunidad montó una implacable campaña de gráficos contra él. "No me importa lo que se escriba de mí –dijo–. La mayoría de mis electores tampoco saben leer. !Pero esos condenados dibujos!" No cabe duda de que "esos condenados dibujos" justamente han causado daño a muchos políticos. Permanecen grabados en la mente más tiempo que las palabras. Es frecuente argüir que el dibujo de humor político, como otras cosas, no es ya lo que era. Normalmente se hacen comparaciones con Gillray, Hogarth y Cruikshank –artistas cuya virulenta sátira se basaba a menudo en una profunda aversión hacia sus víctimas–, los cuales impresionan a(m hoy, aparte de que su arte como dibujantes era en general magnifico. En Gran Bretaña se dice que dibujantes como Ralph Steadman y Gerald Scarfe son 1os sucesores naturales de Gillray y Cruikshank. Sin embargo, no podemos olvidar que acaso las causas no sean hoy tan obvias como lo fueran entonces, dado que hay menos pobreza e injusticia. O es posible que, a diferencia de sus predecesores, los dibujantes de ahora han de competir con la televisión, la radio, el cine y la fotografía sofisticada. Los horrores de la guerra, el hambre y la muerte son llevados a 1os hogares cada noche. Por ello, ya no es suficiente dibujar ciudades devastadas y niños hambrientos; el dibujante ha de añadir un comentario adicional, una dimensión más. Todos estamos en contra de la guerra y el hambre, incluso 108 generales del Pentágono, y no necesitamos dibujantes que nos lo hagan comprender.

Muchos políticos aseguran no inmutarse ni afectarse por la labor de 1os dibujantes y caricaturistas. La experiencia más desconcertante para un dibujante sea acaso haberse encontrado con que la víctima de un ataque devastador le pida el original, e incluso que pague por él, cuando se supone que en tales casos uno ha de acudir a toda prisa al abogado en vez de blandir el talonario de cheques. Por desgracia, cosas así suceden con más frecuencia de lo que pueda pensarse. Son tiempos en que ni un dibujante político puede triunfar.

Mark Twain dijo una vez que "el secreto de la risa no es la alegría, sino la tristeza". ¿Está usted de acuerdo?

Absolutamente. En ocasiones el humor más sutil ha provenido de las minorías oprimidas, que se han valido de él para hacer más soportables sus pobres vidas. La gente que sufre o que ha sufrido suele tener un mayor talento para reírse de si misma y de lo que le rodea. El humor es como un antídoto.

El humor judío es precisamente famoso por su benévola comprensión de lo que el hombre tiene de absurdo. Hay mucha perspectiva y gracia en la historia del pobre judío que alzaba sus brazos al cielo exclamando: "Señor, tú que ayudas a tantos extraños, ¿por qué no a mi?" El humor negro, en gran parte, entra dentro de esta categoría. Cuando visité por segunda vez la Unión Soviética, hace unos años, me quedé impresionado por 1os muchos chistes que circulan contra el régimen político. Recuerdo, por ejemplo, que el Kremlin estaba llevando a cabo una campaña contra las propinas, a las que consideraba "un insulto a la dignidad del trabajador". Durante unas semanas hubo gente en Moscú que iba diciendo: "¿Puedo insultarle?", y advirtiendo a 1os turistas que "cualquier humillación monetaria seria bien recibida".

¿Cree que el humorismo es un factor importante para el progreso social, en tanto que instrumento de crítica?

Ciertamente lo puede ser, si hace que la gente se entere de los defectos de la sociedad a la que pertenece. Pero para asegurar resultados tiene que estar basado en algo más que en simples vulgaridades. Uno debe cumplir con su deber. Cuando mejor opera la sátira es cuando se basa en la verdad.

El humorismo puede acabar con los prejuicios y desenmascarar la autosuficiencia, pero tiene muchos otros usos. Ya he mencionado alguno- de los chistes que oí en Moscú. Me recordaban mucho el humor clandestino de la época de la guerra. Los chistes y las bromas de la Alemania nazi, por ejemplo, eran muy elaborados y, en general, de tono amargo. Ciertamente no conseguirían un lugar en el repertorio de chistes de los comediantes más aplaudidos hoy en televisión, pero no se pretendía que fueran precisamente graciosos: eran expresiones de desafío. A este mismo nivel se encuentra también el tipo de chistes que se oyen hoy en Israel. Son muy diferentes del humor judío tradicional: agresivos y fanfarrones, y no defensivos, cálidos o autodesaprobantes. El humor israelí se usa para reforzar la moral de la población y desmoralizar al enemigo. Algo parecido sucedía en Gran Bretaña durante la 1I Guerra Mundial.

El Gobierno tenía um departamento de "guerra psicológica" que, entre otras cosas, inventaba chistes sobre Hitler y 1os soldados alemanes. No hace mucho, sugerí a um antiguo oficial de la CIA, en Washington, que deberían desechar su sistema convencional de espionaje I y remplazarlo por um "departamento de chistes", dedicando el tiempo a inventar este tipo de anécdotas tan populares en 1os países satélites de la Unión Soviética, y enviar a sus agentes para difundirlos. La policía estaría tan ocupada en la búsqueda de máquinas de fotografiar y aparatos de radio (radiorreceptores), que el arma real –un libro de chistes– pasarla inadvertida. Por desgracia, la CIA no tuvo el buen acuerdo de actuar según mis sugerencias. Este es el problema de 1os estadounidenses: no se toman en serio su humor.

¿Cua1es han sido, en su opinión, los humoristas más destacados en la historia de la humanidad?

Es difícil de contestar. En una reciente visita a Japón di por primera vez con un maravilloso libro de humor oriental, y quedé encantado por el ingenio y la perspicacia de los chinos, cuyo humorismo se remonta muchos siglos atrás. Estoy seguro de que um sinnúmero de esos humoristas no tienen la reputación internacional que merecen por dificultades del idioma. Cuando era un muchacho fui durante un tiempo a la escuela en Alemania y me aficioné a escritores como Wilhelm Busch y Eric Kaestner, apenas conocidos fuera de sus fronteras. También he encontrado en la India excelentes obras humorísticas. Hay que reconocer que cualquier clasificación de humoristas sería el resultado de un criterio muy subjetivo. Entre los autores de lengua ingles?, obviamente debemos mencionar a los satíricos Swift y Orwell, mientras que escritores como Bernard Shaw, Oscar Wilde y Chesterton han sido justamente famosos por s ingenio. A Mark Twain lo debemos tener también en muy buen concepto, y hay motivos para afirmar que el mayor humorista de todos 1os tiempos ha sido William Shakespeare.

¿El humorismo es un privilegio de las élites ilustradas y las clases dominantes?

Claro que no. Es verdad que mucho humor del que encontramos en obras literarias es leído por lo que se denomina una "élite", y que muchos de 1os chistes que solían verse en revistas como Punch hace cincuenta o sesenta años estaban dirigidos hacia la ignorancia de las clases trabajadoras. Pero la clase obrera británica tiene un sentido del humor muy desarrollado y con mis viajes me he convencido de que otro tanto sucede en diversos países. Por experiencia sé que las clases trabajadoras entienden y aprecian el humor mucho más que los que gustan llamarse a si mismos "clase media". La gente de la clase media, especialmente en países como estados Unidos, quiere humoristas que la diviertan y tranquilicen, y que no le hagan tomar parte en la gran fábrica que es la sociedad. Quieren reírse de 1os demás, no de si mismos, y suelen irritarse si uno intenta tomarse a broma las cosas en las que ellos creen. Esto sucede en la sociedad estadounidense.

¿Humorismo y tradición son dos elementos contrapuestos?

El humorista se burla de la tradición, de modo que la respuesta a su pregunta supongo que ha de ser si. Para nosotros, la familia real y la Cámara de los Lores han sido durante años un blanco habitual y fácil. Pero ya supongo que se me dirá que, en def1nitiva, esto constituye una tradición.

¿Cuáles son los sistemas políticos que suelen ser más adversos al desarrollo del sentido del humor?

En todo país se acepta que hay un humor esencial para sobrevivir, y realmente nadie se opone a los inofensivos chistes sobre suegras o maridos celosos. Pero no cabe duda de que en los países comunistas, y en cualquier régimen dictatorial, por lo general, se recela del humor político. Saben que su sistema tiende a provocar actitudes a menudo contradictorias y absurdas, y se dan cuenta de lo efectivo que puede ser el humorismo a la hora de delatar esto. La capacidad y la buena voluntad para tolerar el humorismo es una señal de conf1anza en si mismo, y las naciones que tienen confianza en su sistema siempre son más tolerantes que las que no tienen esta conf1anza.

Un hombre que supo entender muy bien el poder del humorismo fue el presidente Gamal Abdel Nasser, de Egipto. En El Cairo, poco después de su muerte, me contaba uno de sus colaboradores que aquél había contratado a un individuo cuyo trabajo, a plena dedicación, consistía en informarle de los últimos chistes sobre su gobierno. Nasser consideraba que sabiendo de qué se reía la gente podía conocer sus puntos vulnerables. Y estoy seguro de que tenía razón.

(AAVV, El Humorismo, Salvat, Barcelona, 1973, p. 8-17; 82-89)

domingo, 24 de enero de 2010

Francisco Melendez

Me topé con la obra de Francisco Meléndez en 1989, a través de uno de sus múltiples trabajos como ilustrador para la colección El Barco de Vapor de la editorial SM: El Valle de los Cocuyos. Este precioso y recomendable cuento de literatura mágica de la autora colombiana Gloria Cecilia Díaz Ortiz fue galardonado con el premio Barco de Vapor de 1985 y para mi asombro estaba acompañado de unas de las ilustraciones más bellas, delicadas e intensas que había visto en muchos años.


El Valle de los Cocuyos

Así fue que me enamoré de las ilustraciones de Francisco Meléndez: me dejé empapar de sus influencia y no puedo ocultar que en aquel momento me entró por todos los poros. A partir de éste momento, compré todo lo que encontraba de Meléndez en las librerías, incluyendo varios títulos infantiles para la colección Austral Juvenil de Espasa Calpe.


Una de las maravillas que -según mi criterio- produjo Meléndez, fueron las ilustraciones para El Cascanueces Y el Rey de los Ratones, publicado por Montena en 1987. Bien cierto es que yo siempre fui un fan de la literatura gótica de E.T.A. Hoffmann y de la obra musical de Tchaikovsky, pero las ilustraciones de éste libro, con esos delicados dibujos a lápiz y aguas de tintas planas, me siguen pareciendo una de las obras de ilustración más bellas jamás editadas en España.


El Cascanueces y el Rey de los Ratones

Sobre la figura de Francisco Meléndez se sabe poco, quizás ésto haya ayudado a añadir misterio a su persona. Nació en Zaragoza en 1964 y a los quince años dejó los estudios e ingresó en una escuela militar como corneta, donde apenas duró unos meses. Según reza la referencia biográfica de Espasa-Calpe "alterando cierta práctica del dibujo con el bélico clarín y alguna visita a la biblioteca del cuartel, donde se apasionaba por la historia, la música y la literatura. en este tiempo proyectó emigrar a lejanos países para hacer fortuna y casi se enrola en la Marina Mercante, pero se enamoró y se quedó en tierra firme, trabajando un poco en cualquier cosa."


Francisco Meléndez comenzó a ilustrar libros en 1983, desde que le encargaron las ilustraciones para un libro de ecología por el cual según él mismo "le timaron". A partir de ahí realizó varios trabajos para diferentes instituciones aragonesas. Personalmente desconozco sus trabajos hasta la edición de El Valle de los Cocuyos, que fue editado un par de años después.



Los Buscadores de Tesoros

Los trabajos de Meléndez llegaron a España trayendo un soplo de aire fresco y renovador en la ilustración infantil y juvenil. Al igual que yo, Meléndez perteneció a una época en la que el trabajo de los ilustradores era extremadamente anónimo, no existía Internet y menos aún blogs de ilustradores en donde los creadores pudiésemos reunirnos para hablar de nuestros trabajos. Sin embargo, su esplendido trabajo no pasó en absoluto desapercibido: en 1987 le fue concedido el Premio Nacional de Ilustración por "la Oveja Negra y Otras Fábulas" de Augusto Monterroso.
El Verdadero Inventor del Buque Submarino

La carrera de Meléndez en el mundo editorial representó tal ascenso meteórico que tan solo a los seis años de empezar su carrera comenzó a publicar sus primeros libros de texto e ilustración a todo color conEl Verdadero Inventor del Buque Submarino (Ediciones B, 1989); un trabajo inaudito en el mundo editorial español en el cual Melendez utilizó elementos gráficos como la caligrafía y los grabados barrocos. En los años siguientes, los premios se sucedieron, incluyendo una mención al libro mejor editado en Liber 90 por El Verdadero Inventor del Buque Submarino, el Premio Nacional de Ilustración por segunda vez en 1992, y la Medalla de Plata en la Exposición Schöntes Bücher Alles Welt de Leipzig. Sus últimas ediciones llamaron la atención de editores internacionales como Harry N. Abrams de Nueva York para ser publicadas en el mercado norteamericano. Pero el colofón de su carrera llegaría cuando la productora Walt Disney/Touchstone Pictures adquirió los derecho de su libro Leopold, la Conquista del Aire para un proyecto que hasta la fecha se desconoce.


A mi entender, uno de los aspectos más interesantes de la obra de Meléndez fue su impacto en el mundo editorial del momento. Para entender ésto es necesario echar marcha atrás y ponerse en la situación de España a finales de los 80, en la cual la mayor parte de la ilustración infantil y juvenil que se veía seguía una serie de cánones plásticos que llevaban establecidos desde los años 60. Cánones que, por otra parte, ya habían sido desafiados por ilustradores de la talla de Ana Juan y Ceesepe. La propuesta de Francisco Meléndez nada tenía que ver con el tipo de dibujos infantiles a los que estábamos acostumbrados, parecían más bien una inocente y a la vez desafiante destilación del arte griego, el grabado barroco y la pintura naif, todo ello impregnado por un aparente amor por la cultura romántica anglo-sajona.


Ocho Cuentos del Perrito y la Gatita

En mi humilde opinión, el trabajo de Meléndez es fruto básicamente del dibujo, si bien la pintura quedó relegada a un segundo plano hasta sus últimos trabajos. Él mismo sin ir más lejos decía en una entrevista a la revista Peonza: "empecé dibujando en blanco y negro porque no dominaba los colores del todo. Luego me lo han pedido repetidas veces y he continuado haciéndolo". Meléndez es sobre todo un maestro de la sencillez, de las formas, de la armonía de la composición de escenas y de diseño de personajes. Son suficientes razones para convertir sus trabajos en verdaderas obras de arte. Además de todo esto podría ser el ejemplo personificado del talento autodidacta que ha demostrado que el buen hacer y la originalidad no están reñidos con el éxito a pesar de la falta de "escolarización de las técnicas".


Otro de los mayores logros de Francisco Meléndez que he observado es su enorme capacidad para adaptar su inconfundible estilo a diferentes estéticas, dependiendo de los requerimientos del texto; una cualidad imprescindible para todo buen ilustrador que se precie. Desde el arte pre-hispano de El Valle de los Cocuyos al arte japonés de Tomi Kikansha, pasando por el barroco de El Cascanueces, la estética Victoriana en Leopold.

A partir de 1993, la figura de Francisco Meléndez desapareció como la espuma. Todo fueron rumores. Si bien su reseña biográfica en Espasa-Calpe decía: "Ahora vive tranquilo y recogido como un monje, entregado a su obra". Según Jacobo, se ha rumoreado que tras la pérdida de un ser querido de su entorno de trabajo decidió abandonar el mundo editorial e ingresó en un monasterio de monjes Cartujos. No podría decir si es realidad o forma parte de la cortina de misterio que siempre envolvió a su persona y en la cual su lánguida silueta se pudo haber embozado para abandonar el escenario editorial penetrando con paso silencioso en la densa niebla del anonimato, tal y como si se tratara del personaje de uno de sus libros.

En relación a Francisco Meléndez, me viene a la mente un recuerdo de una conversación con el autor catalán de literatura infantil Joan Manuel Gisbert, con quién trabé cierta amistad a finales de los años 80. En ese momento yo estaba planteándome dedicarme a la ilustración de forma profesional y cierta vez se lo comenté a Gisbert, quien me hizo un retrato bastante oscuro e inaccesible del mundo profesional editorial para un joven artista como un servidor. Le comenté que había gente, como por ejemplo Francisco Meléndez, que se estaba ganando la vida muy bien con la ilustración. Gisbert contestó: "¡Es que Francisco Meléndez es Dios!". Nunca averigüé si Francisco Melendez es Dios, tampoco me importa mucho porque nunca he creído en ese tipo de ídolos. Pero lo que si que he averiguado es que 20 años después de esa conversación nadie se acuerda de quién es Francisco Meléndez.

Tal y como Gabi Beltrán apuntaba recientemente en un artículo de su blog, los ilustradores no son estrellas de rock, menos aún dioses del Olimpo. Mejor así. Pero lo que si que me parece verdaderamente triste es comprobar como en España un artista de la categoría de Meléndez puede pasar del reconocimiento internacional al más completo olvido. Por eso, Jacobo y yo esperamos poner nuestro pequeño granito de arena para desenterrar la obra de Francisco del olvido. Y lo hacemos con la ilusión de que otros ilustradores más o menos jóvenes descubran la enorme riqueza de su legado artístico y también literario, y de paso agarrarnos con fuerza a la estela de ese deslumbrante cometa de la ilustración española llamado Francisco Meléndez.


A continuación he elaborado una lista incompleta de sus títulos publicados. Si tienes información de alguna otra obra, por favor deja un comentario para que podamos actualizarla.

-El hombre del aire libre. Rafael Gastón. 1983. (Gracias, Nacho Bruna)
-Once Animales con Garra y Uno con Alma. Ciro Alegría. Ed. Alfaguara, 1986.
-El Valle de los Cocuyos. Gloria Cecilia Díaz. Colección el Barco de Vapor, Ed. SM, 1986.
-La noche de las papeleras. Diputación General de Aragón, 1987. (Gracias, Chema)
-Los Machafatos. Consuelo Armijo. Ed. Edelvives, 1987.
-El Cascanueces y el Rey de los Ratones. E.T.A. Hoffmann. Ed. Montena, 1987.
-Jacobo No Es Un Pobre Diablo. Gabriele Heiser. Colección el Barco de Vapor, Ed. SM, 1987.
-Los Buscadores de Tesoros. Edith Nesbit. Colección el Barco de Vapor, Ed. SM, 1987.
-La Huida. Antonio Martinez Menchén. Colección Austral Juvenil, Ed. Espasa-Calpe.1988.
-Los Cuentos de Mis Hijos. Horacio Quiroga. Ed. Alfaguara, 1988.
-Los Viajes de Gulliver. Jonathan Swift. Ed. SM, 1988.
-Ocho Cuentos del Perrito y la Gatita. Josef Capek. Colección Austral Juvenil, Ed. Espasa-Calpe.1989.
-El Gigante de la Selva. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-La Sortija Milagrosa. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-El Anillo de Simplicio. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-La Calabaza de la Suerte. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-La Hija del Minero. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-La Amazona de los Bosques. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-El Delfín de Oro. B. Monterde. Colección Cuentos del Pastor, Ed. Montena, 1989.
-El Verdadero Inventor del Buque Submarino. Francisco Melendez. Ed. B, 1989.
-Leopold, La Conquista del Aire. Francisco Melendez. Ed. Aura Comunicación, 1990.
-El Peculiar Rally París-Pekin. Francisco Melendez. Ed. Aura Comunicación, 1991.
-El Viaje de Colomus. Francisco Melendez. Ed. Aura Comunicación, 1992.
-Kifuko Yep-Yep Nami Gú. Francisco Meléndez. Ed. Ikusager, 1992.
-Tomi-kikansha. Francisco Meléndez. La biblioteca de Lastanosa. Zaragoza, 1994.
-La carpa de Trufaldino. Roberto Espina. Cultural Caracola. Colección Titirilibros. Zaragoza, 1997. (Gracias Arianna)
-Íntimas suculencias. Laura Esquivel. Ollero&Ramos, S.L., 1998. (Gracias, Iban)
-Estrellita marinera. Laura Esquivel. Ollero&Ramos, S.L., 1999. (Gracias, Aitana)

Francisco Meléndez en Internet:
-Behind the Stella of Francisco Meléndez. Versión de éste mismo artículo en inglés en la web de Koldo Barroso. ¡Ojo!, con imágenes diferentes a éste.
-Entrevista a Francisco Meléndez. Revista Peonza, Octubre 1993.

martes, 12 de enero de 2010

Yo creador

UN TALLISTA EN MADERA LLAMADO "CHING", ACABABA DE TERMINAR UN YUGO DE CAMPANA, Y TODO EL QUE LO VEÍA SE MARAVILLABA. PORQUE PARECÍA OBRA DE ESPÍRITUS.
CUANDO EL DUQUE DE "LU" LO VIO, LE PREGUNTÓ: "¿QUÉ CLASE DE GENIO ES EL TUYO QUE ERES CAPAZ DE HACER ALGO ASÍ?"
Y EL TALLISTA RESPONDIÓ: "SEÑOR, NO SOY MÁS QUE UN SIMPLE TRABAJADOR. NO SOY NINGÚN GENIO. PERO LE DIRÉ UNA COSA: CUANDO VOY HACER UN "YUGO DE CAMPANA", PASO ANTES TRES DÍAS PARA TRANQUILIZAR MI MENTE. CUANDO HE ESTADO MEDITADO DURANTE TRES DÍAS, YA NO PIENSO EN RECOMPENSAS NI EMOLUMENTOS. CUANDO HE MEDITADO CINCO DÍAS, YA NO ME PREOCUPAN LOS ELOGIOS NI LAS CRÍTICAS, LA DESTREZA NI LA TORPEZA. CUANDO HE MEDITADO DURANTE SIETE DÍAS, DE PRONTO ME OLVIDO DE MIS MIEMBROS, DE MI CUERPO Y HASTA DE MI PROPIO "YO", Y PIERDO LA CONCIENCIA DE CUANTO ME RODEA. NO QUEDA MÁS QUE MI PERICIA. ENTONCES VOY AL BOSQUE Y EXAMINO CADA ÁRBOL, HASTA QUE ENCUENTRO UNO EN EL QUE VEO EN TODAS SU PERFECCIÓN EL "YUGO DE CAMPANA". LUEGO MIS MANOS EMPIEZAN A TRABAJAR. COMO HE DEJADO MI "YO" A UN LADO, LA NATURALEZA SE ENCUENTRA CON LA NATURALEZA EN LA OBRA QUE SE REALIZA A TRAVÉZ DE MI. ESTA ES INDUDABLEMENTE, LA RAZÓN POR LA QUE TODOS DICEN QUE EL PRODUCTO FINAL ES OBRA DE ESPÍRITUS.

domingo, 16 de agosto de 2009


sábado, 23 de mayo de 2009

Ave Maria

http://www.goear.com/listen/cc99c9e/Ave-María-Tomás-Luis-de-Victoria